martes, 13 de junio de 2017

A Mi Madre


Perfecto sabías que llegaría cuando estuvieras desmenuzando la carne del pollo,  que yo no iba a faltar a esa cita. Con gusto, de reojo me  veías llegar a la cocina. Tu sonrisa y tu mirada me anunciaban que  ya me esperabas, que me habías apartado el cartílago pectoral del ave. No había necesidad de pedírtelo, siempre lo tenías ahí, reservado sólo para mí. Tus ojos brillaban al verme saborearlo. Entonces pensaba yo que esa ternilla era lo que más me gustaba. ¡Qué equivocado estaba!

Ahora, décadas después,  me doy cuenta de que ese cartílago era un mero pretexto,  que en realidad disfrutaba de todo ese momento: saber que me esperabas, tu mirada de reojo, tu sonrisa, el brillo en tus ojos, tu gusto por complacerme.


Si  mil veces naciera, mil veces te elegiría como mi madre.

viernes, 9 de junio de 2017

Se Seguirá llamando “Avenida Reforma”



Se Seguirá llamando “Avenida Reforma”

Hace unas cuantas semanas el ayuntamiento de Mazatlán, encabezado por el alcalde Fernando Pucheta emitió un acuerdo por el que decidió cambiar el nombre de la calle “Reforma”, imponiéndole el de una persona que aún vive.
Cambiar el nombre de una calle o de una colonia es un atentado en contra de la Historia y de la Cultura de la ciudad. Una calle y su nombre no son entes ajenos a la cultura e identidad de la gente, del pueblo; todo lo contrario. Por una calle la gente, el pueblo, transita, camina, se pasea, va de compras, estudia, trabaja, habita. Con esta casi imperceptible relación entre el pueblo y una determinada calle, el nombre de ésta deja de ser una simple denominación, trasciende y se convierte en parte de la cultura del pueblo a través de la costumbre y de la tradición.
La definición de “cultura” que sostiene la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) coadyuva en mi planteamiento: «...la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias y que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden. »
Sin embargo, ayer me llegó una nota periodística de Pedro Seminario en el que anuncia que dicho cambio de nombre queda revocado. A la letra, dice asi:
«En un encuentro informal, previo a la ceremonia de toma de protesta del Rector de la UAS, el gobernador del estado, Quirino Ordaz Coppel le comentó al maestro José Ángel Pescador Osuna, distinguido miembro de El Colegio de Sinaloa y Director del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en Sinaloa, que podía estar tranquilo ya que ya no se impondría el nombre de Lety Coppel a la avenida Reforma en el puerto de Mazatlán, respetando con ello la historia. Quirino dijo al respecto que vale la pena imponer a una calle el nombre de la extraordinaria mujer altruista, para lo cual se pueden analizar otras opciones en alguna otra zona de la ciudad.»
No obstante, aún queda en el aire el que se cambie de nombre a otra calle de la ciudad. En este punto me atrevo a preguntar ¿Cuál es la necesidad de cambiarle el nombre a una calle? ¿Acaso no puede el ayuntamiento pedir a una fraccionadora poner el nombre de la persona a quien se desea honrar a una calle o avenida que apenas va a ser inaugurada? Ahí está Pradera Dorada VI que apenas está en proceso de apertura y seguro hay varias más.

jueves, 25 de mayo de 2017

Winston Churchil y Supertramp



En 1977 el grupo británico de rock Supertramp lanzó su disco «Even in the Quietest Moments, Aun en los momentos más tranquilos Las siete canciones contendidas en el disco fueron escritas por los entonces líderes de la banda, Rick Davies y Roger Hodgson. La portada, en la que predominan el azul y el blanco, se ve un piano y su banquillo, cubiertos de nieve,  sobre aquél la partitura de la última y más larga de las canciones del disco: «Fool’s Overture, Obertura del tonto» de casi once minutos. Esta pieza comienza suavemente con un piano que luego de segundos es acompañado por una flauta, seguidos por unas campanadas y trompetas...

Pero, hablando de ingleses, dicen que el discurso más famoso de la Historia fue el que dio Winston Churchil cuando los nazis comenzaban a invadir parte de Europa, y amenazaban a la propia Gran Bretaña. El 10 de mayo de 1940 Churchil había tomado el cargo de primer ministro, y coincidentemente el ejército de Adolph Hitler había comenzado su ofensiva a Holanda, Bélgica y Luxemburgo. El estadista inglés sabía bien que la Gran Bretaña era uno de los objetivos de los alemanes, y el 4 de junio de 1940, pronunció este discurso que ha recibido el nombre de «We shall fight in the beaches, Pelearemos en las playas». La parte final del discurso es más que emotiva, le advierte al régimen alemán que los ingleses se defenderían y que lucharían hasta el final.  

Transcurre suave, tranquilamente la Obertura del tonto y justo cuando llega a 2:26 (dos minutos veintiséis segundos) Davies y Hodgson reproducen parte esencial del final de  «We shall fight in the beaches»:

We shall go on to the end... we shall fight on the seas and oceans… we shall defend our island, whatever the cost may be...  we shall never surrender  (Iremos hasta el fin… pelearemos en los mares y océanos… defenderemos nuestra isla, a cualquier costo… jamás nos rendiremos)

Las campanadas que preceden a este extracto, que parecen llamar al servicio religioso, no son coincidencia, son incidentales. Al final de éste una campanada más, exaltada, seguida por la nota del piano igual de sonora.

…We shall never surrender

sábado, 13 de mayo de 2017

¿Conoces a la «mazatleca» Kate Corbaley?


¿Conoces a la «mazatleca» Kate Corbaley?

Proveniente de Panamá el vapor Alaska llegó a Mazatlán a las seis treinta de la mañana del 29 de agosto de 1878 y zarpó de aquí  ese mismo día, a las 10:30 de la noche.  En el puerto sinaloense la señora W J Hinckley abordó el barco y se dispuso a viajar hasta San Francisco, California.  Sin embargo, la mujer se encontraba en avanzado estado de embarazo y  dos días después, el  primero de septiembre, la mujer dio luz a una bebé.  El señor Austin era el capitán del Alaska, y según la tradición de ese entonces, era prerrogativa de este oficial  ponerle el nombre  a quien naciera en su  buque, fue por ello que aquella niña fue bautizada como Kate Alaska Hinckley, en honor al vapor que la vio nacer.

Algunos biógrafos de esta niña consideran que nació en altamar, frente a Mazatlán. Creció en Colton y en San Berbardino, California. Se graduó de la Universidad de Stanford, obteniendo los más altos honores. Muy joven Alaska Hinckley se casó con Charles Corbaley, ingeniero de Los Ángeles,  pero tras doce años de matrimonio terminaron divorciándose. Fue entonces cuando la mujer  descubrió su verdadera vocación y pasión: se dedicó a escribir guiones cinematográficos y otras historias. Escribía también artículos para revistas de mujeres.  En una ocasión declaró: «Para algunas personas la vida es narrativa, para otras es drama. Para mí la vida es dramática. Nunca es una historia, y para mí escribir es la forma más fácil de expresión

En  1918 escribió Real Folks, con el que ganó un concurso de la revista Photoplay y que fue su primer éxito. Muy pronto se sumaron otras películas exitosas como Fire Brigade, Silent Sanderson, Teh Badlands y varias más.

En 1926 se unió a la Metro Golden Mayer y fue la responsable de analizar los guiones que escritores en busca de fortuna enviaban a la compañía para transformarlas en películas. Se calcula que ella leyó más de 5000 guiones.

Cuando Kate Alaska murió de neumonía, el 23 de septiembre de 1938, dejó a cuatro hijas, dos hermanas y un hermano.

¿Habías oído hablar de esta escritora «mazatleca»?

En la foto: La señora Corbaley y sus cuatro hijos.

Créditos fotográficos: Revista Photoplay. Enero de 1918. P. 103

lunes, 8 de mayo de 2017

La Primera Bicicleta en Mazatlán

La Primera Bicicleta en Mazatlán

Borda en los límites de la imposibilidad conocer la fecha exacta de la llegada de la primera bicicleta a Mazatlán, es en realidad muy difícil saber siquiera el año en que esto sucedió. Seguro es que llegó en barco, casi seguro que provenía de San Francisco, California, pero cuándo…No obstante, el año 1899 se publicó en Estados Unidos «Davy. Historia de un Gringuito» del  escritor  Henry S. Brooks en la que se nos brindan algunos datos reveladores al respecto. Davy Bowman y su madre se hospedaban en el Hotel Internacional de Mazatlán. Él era un niño de unos siete años de edad. Su padre era el coronel Bowman, superintendente de la Hacienda de los Toros, una mina en realidad, donde pasaba semanas enteras. La época en que se ubica está anécdota es muy cerca de la toma de Mazatlán por el ejército francés.

Una tarde apareció el coronel en el patio del hotel y le mostró a Davy una pequeña bicicleta, ya éste había recibido varias lecciones para montarla por lo que de inmediato su subió en ella y se paseó. Por la tarde, le había prometido su padre, el niño podría ir a la «alameda», es decir a la plazuela a pasearse. Y así sucedió. Horas más tarde, ya que el sol caía y el  calor había cedido unos cuantos grados, Davy y su bicicleta hicieron su aparición en la Plazuela de Mazatlán. Ahí ya se encontraban don Eugenio y el escritor Brooks, amigos del pequeño, quienes lo animaron a pasearse.

Al ver al niño rubio montado en aquel artefacto, todos los niños corrieron hacia él para presenciar el espectáculo inédito. No se trataba de una draisina, tampoco de triciclo para niños. No. Ahí estaba la bicicleta de Davy, la primera en aparecer en Mazatlán.

Entre los pequeños espectadores se encontraba una nativa de nombre Lolita Sánchez,  de la misma edad que Davy. Brooks, al verla interesada en la escena que se desarrollaba, la llamó para preguntarle:

«- Hija, qué piensa de todo esto.
- Creo que el gringuito es muy valiente –exclamo ella.
- Y muy ágil. ¿No?
-Si señor.
- ¿Te gustaría pasear en bicicleta?
- Si señor –dijo hesitando. Pero las bicicletas no son para las niñas. Podría caer  y lastimarme.
- ¿Te gustaría hablar con el gringuito?
- Si señor –dijo ella sin el menor rubor.»


Muy pronto Brooks presentó a Lolita y a Davy. Y mientras ella se mostraba interesada en aquel niño extranjero, éste no ocultaba su indiferencia. Al lado de ellos, un gran número de niños mazatlecos estudiaba, admiraba aquel artefacto de dos ruedas que nunca antes habían visto.

Días después Davy regresó solo a la plazuela para pasearse en su bicicleta, y entonces sucedió lo impensable: un policía celoso de su deber arrestó al pequeño por pasearse en la alameda y marchó con él y su bicicleta al juzgado. Eugenio y el escritor Brooks, al enterarse de este absurdo, corrieron de inmediato al rescate del pequeño. Cuando los dos estadounidenses entraron al edificio quedaron sorprendidos al ver a Davy sentado junto al alcalde como si fueran viejos amigos. Éste no sabía una palabra de inglés y el español del pequeño era muy limitado, pero ahí estaban hombre y niño sonrientes,  platicando lo mejor que la barrera idiomática les permitía.

Muy pronto el alcalde les pidió lo acompañaran. Y ahí iban él, Eugenio, Brooks  y Davy montado en su reluciente bicicleta. Ya en la plazuela, el oficial mexicano le dijo al pequeño ciclista: «De norte a sur, de oriente a poniente, todas las banquetas de Mazatlán son tuyas para que te pasees a gusto»



lunes, 13 de marzo de 2017

Ramón Corona y Antonio Rosales Derrocan a Jesús García Morales

                                                       Jesús García Morales

Sin lugar a dudas los tres principales generales con que contaba el presidente Benito Juárez en su lucha contra Maximiliano I y sus defensores,  invasores franceses y proimperialistas mexicanos, fueron Porfirio Díaz Mori, Mariano Escobedo  de la Peña y Ramón Corona Madrigal. Si bien hubo muchos más patriotas que se distinguieron durante la Invasión Francesa, pero  fueron estos tres  quienes le dieron la victoria.

Ramón Corona fue quien incansablemente defendió el suelo sinaloense, en especial Mazatlán y el sur de Sinaloa, pero sus relaciones con los demás defensores de la patria no eran miel sobre hojuelas. Plácido Vega Daza era el poderosísimo gobernador de Sinaloa, cuando fue al centro del país a defender la patria al frente de la Brigada Sinaloa, la cual salió de Mazatlán el día 5 de febrero de 1863. Luego el presidente Juárez ordenó a Vega partiera a San Francisco, California,  a comprar armas y pertrechos para el ejército mexicano, poniendo así fin a su carrera política.

Allá, en San Francisco, el general Vega tuvo la oportunidad de auxiliar a un personaje que al menos en dos ocasiones había intentado derrocarlo: Antonio Rosales. Huyendo y sin dinero, éste se presentó ante su antiguo enemigo diciéndole que se ponía  a su disposición para auxiliar a la patria frente a la invasión francesa. Plácido Vega pagó a Antonio Rosales su viaje  de San Francisco a Mazatlán, le dio dinero para sus gastos.
Al partir hacia el centro del país, Plácido Vega había nombrado como gobernador del estado al sonorense Jesús García Morales, y con aquél fuera del país tanto Corona como Rosales se dispusieron a derrocarlo.

Los problemas para García Morales se hicieron visibles ya desde el día 2 de octubre de 1863 cuando doscientos de sus hombres desertaron, tomaron sus armas y se establecieron en un punto denominado Loma Travesada, muy cerca de Mazatlán, a la sazón capital del estado.

El lunes  10 de octubre  Ramón Corona y sus hombres se encontraban en Villa Unión mientras que en Mazatlán sólo se esperaba la inminente llegada de los buques de guerra franceses que se posesionarían de la ciudad. Pero Corona ya había decidido derrocar al alfil de su enemigo Vega Daza y el miércoles 12 estacionó a su ejército en Urías. Esta noticia pronto llegó al puerto y de inmediato los comerciantes removieron de sus negocios los  objetos valiosos.  El jueves llegó y con ello la tensión crecía entre la ciudadanía. El ataque de Corona en contra del gobernador era inminente.

El viernes 14 Ramón Corona envió un ultimátum al gobernador Jesús García Morales conminándole a entregar la plaza, de  lo contrario el ataque comenzaría en forma inmediata. Morales contaba con 500 hombres bajo su mando y tres cañones de 36 libras además de armamento menor;  Corona tenía 600 de infantería y 200 de caballería, además de mil hombres más estacionados en Villa Unión.

Llegó la noche del viernes y con ello la luna llena se hizo presente,  permitiendo una visibilidad óptima para lo que comenzaría a las dos de la mañana del ya sábado. Desde los techos de las casas cientos de mazatlecos fueron testigos del golpe de estado. Los soldados de Corona se movieron desde  Palos Prietos y avanzaron hacia la ciudad. Al llegar a unos 500 metros de la garita los artilleros de García Morales abrieron fuego pero no causaron baja alguna. Ante esto, los hombres de Corona avanzaron contra sus enemigos y abrieron fuego de rifle principalmente contra los de los cañones.  Los demás soldados, al ver que eran superados en número se unieron a las filas de Corona y juntos avanzaron hacia la ciudad. A pesar de esto,  las bajas  en las filas de Corona fueron quince muertos y diez heridos, mientras que en las del gobernador murieron tres y cuatro o cinco lesionados. El gobernador García Morales al saberse derrotado se trasladó hasta los muelles donde fue tomado preso por el mismo Ramón Corona. El paso siguiente fue que las fuerzas de éste se posesionaron de los edificios públicos. Así terminó esta rápida batalla que tuvo como objetivo derrocar al gobernador amigo de Vega Daza.

Sin embargo, ya con los hombres de García Morales derrotados,  las filas de Corona tuvieron más bajas. A las nueve de la mañana del mismo sábado se escuchó una explosión en el cuartel general cuando unas granadas que habían sido dejadas por los hombres derrotados  entraron en contacto con un cigarro que fumaba uno de los soldados. El resultado fue de cuatro hombres muertos y diez heridos.

Ese mismo día  Corona nombró gobernador del estado  al coronel Joaquín Sánchez y Román y al periodista  Pablo Retes  le dio posesión como prefecto de la ciudad. Pero el nombramiento recaído sobre Sánchez Román no duraría, ya Corona y Antonio Rosales habían decidido que éste sería el nuevo gobernador del estado de Sinaloa.

Por otra parte,   García Morales no permaneció preso por mucho tiempo, ya que el día siguiente, domingo fue puesto en libertad  permitiéndole abordar ese mismo día el buque John L. Stephens que lo llevó hasta Guaymas.



miércoles, 8 de marzo de 2017

Jesús Ramírez Terrón Toma Mazatlán

Bernardo Reyes
Jesús Ramírez Terrón Toma Mazatlán

El Cuartel de Artillería de Mazatlán se encontraba estratégicamente situado en la loma de la calle del Puente (hoy Benito Juárez) donde ahora se encuentran el Centro de Salud y la escuela primaria Antonio Rosales. Desde este punto se dominaba al norte la Bahía de Puerto Viejo, al sur la ciudad entera, al poniente el Cerro de la Nevería, y al oriente la Casa Mata. El 26 de junio de 1880 anclado en dicha bahía se encontraba el cañonero México.  Eran las tres de la mañana de ese día cuando llegaron hasta ese punto el general Jesús Ramírez Terrón acompañado del ex gobernador Domingo Rubí, así como unos cincuenta hombres, muchos de ellos sin armas. En el edificio militar se encontraban aproximadamente 150 soldados. Ahí un oficial de artillería le arrojó la llave de la entrada principal. Una vez adentro  él llamó la atención de sus hombres y los hizo ver cómo arrojaba las llaves para que nadie saliera por donde había entrado. Luego  sus seguidores procedieron a asegurar las armas que encontraron, entre ellas cuatro piezas de artillería. En ese instante todo un pelotón de artillería se adhirió a los recién llegados. Una pared los separaba de los soldados que permanecían fieles a su institución, y Ramírez Terrón dio la orden de derribarla a punta de cañonazos. Durante las siguientes horas el intercambio de disparos no paró y los muertos y heridos no se hicieron esperar. Pero las fuerzas del general rebelde habían asegurado la mayor parte de las municiones disponibles y gracias a ello devino la derrota de la  contraparte, tras la cual tomaron a muchos de ellos como prisioneros. Entre los defensores del cuartel se encontraba un general de apellido Valle, quien nunca se rindió ante los hombres de Terrón, y sólo abandonó la batalla una vez que disparó contra ellos la última de sus balas. Muchos de los vencidos que lograron huir se apresuraban a llegar al cañonero para refugiarse, unos en lanchas y otros nadando. El saldo final del combate, que terminó hacia las nueve de la mañana,  fue de treinta muertos e igual número de heridos.

En 1876, siendo prefecto de Culiacán, el coronel Jesús Ramírez Terrón había sido, quizá, el principal dirigente en el estado del Plan de Tuxtepec que Porfirio Díaz había pronunciado en contra del gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada. Además,  en 1877 fue gobernador del estado de Sinaloa, aunque había fungido en forma interina.  Y en las elecciones estatales de ese año sus aspiraciones de ocupar de nuevo la gubernatura se vieron truncadas porque la constitución le prohibía contender en ellas. Así, para 1880, Terrón se creía el candidato natural para suceder a Francisco Cañedo. Pero Porfirio Díaz lo desairó y en su lugar mandó a Mariano Martínez de Castro. Ante esto, Terrón se trasladó hasta Copalá donde el día 2 de noviembre de 1879 lanzó su Plan de Copala, adhiriéndose a la proclama hecha por el general Miguel Negrete y desconociendo el gobierno de Porfirio Díaz.

Aquella mañana de 1880 no nada más los militares habían quedado a la merced de los golpistas, los funcionarios de las oficinas gubernamentales sabían que si caían en manos de aquéllos podrían ser pasados por las armas, principalmente los encargados de la aduana. Y para prevenir esto, ellos también se refugiaron en el México.

Al amanecer el general Jesús Ramírez Terrón se había apoderado de Mazatlán y no había poder alguno que se lo impidiera. Esa misma mañana el hombre convocó a una junta a los principales comerciantes de la ciudad. Ahí les exigió un préstamo forzoso por la cantidad de cien mil pesos. La casa Echeguren, Sobrinos y Compañía  fue  obligada a cubrir la mitad del efectivo, el resto se distribuyó entre Peña y Compañía, Jesús Escobar, Bartning Brothers, Melchers y otras. El  golpista obtuvo sesenta mil pesos en efectivo más cuarenta mil en documentos cobrables.

Llegó el día 30 y Mazatlán permanecía aún en poder de Ramírez Terrón y sus hombres. No obstante, desde Guaymas, Sonora, ya había llegado el cañonero Demócrata, con unos ochenta soldados, que venían al rescate de la ciudad, el  puerto y  los ciudadanos. Ese era el plan… pero sus resultados fueron de lo más contraproducentes. Ese mismo día el buque ancló en Puerto Viejo teniendo al alcance y con buena vista el cuartel de artillería. Y comenzó el bombardeo. El cañonero disparó de 18 a 20 cañonazos en contra del edificio militar, pero no ocasionó ni una baja ya que las balas fueron a parar a otras casas, algunas de ellas incluso pasaron por el cielo y fueron a parar hasta la Bahía del Fondeadero.

El bombardeo causó varias casas destruidas y, por ende, un considerable número de mujeres y niños muertos; pero ni un solo soldado de Ramírez Terrón fue herido. Testigos de la masacre que se efectuaba, los cónsules de Estados Unidos, Alemania y Chile, señores Kelton, Sowerbûtts y Magaña, abordaron una lancha y con una bandera blanca fueron hacia el Demócrata para pedirle a su capitán que cesara el ataque a la población. El cese comenzó, pero el capitán del barco advirtió a los diplomáticos que éste continuaría sólo si los asaltantes en tierra no atacaban al navío. Esa misma noche del cañonero salió una lancha con varios soldados cuya misión era asegurar el pequeño buque Coquille, pero no tuvieron éxito.

La situación en Mazatlán era como una paradoja. Los comercios se habían visto obligados a cerrar sus puertas después de los saqueos de que fueron objeto durante el primer día de la revuelta. Ramírez Terrón y sus hombres se habían posesionado de la ciudad y puerto, pero a la vez ejercían una dictadura que no permitía ni un solo desmán ni alboroto.
Llegó el primero de julio y nada ni nadie podía remover a los pronunciados de esta ciudad. Pero con el día tres llegaron rumores de que desde Rosario avanzaba un regimiento de caballería al mando del coronel Bernardo Reyes. Además, el vapor Newbern había sido contratado para trasladar desde Guaymas y La Paz unos quinientos soldados que venían a combatir a los alzados. Por si ambos regimientos no fueran suficientes, el ejército también movilizó hacia este puerto unos seiscientos hombres  que tenía en Tepic.

Entre la noche del día tres y la madrugada del cuatro Terrón y sus hombres evacuaron Mazatlán llevando cuatro piezas de artillería que habían tomado del cuartel. Eran aproximadamente las dos de la tarde del día siguiente cuando en las cercanías de Villa Unión los casi quinientos  hombres de Terrón se encontraron con el regimiento de Bernardo Reyes, compuesto de doscientos cincuenta efectivos. De inmediato comenzó un combate que se prolongó hasta las seis de la tarde cuando ambas partes pactaron un cese al fuego. La verdad era que los hombres de Reyes se encontraban prácticamente sin parque, y éste había sufrido dos heridas que ponían en riesgo su vida. A pesar de esto,  Ramírez Terrón fue derrotado y se vio obligado a huir rumbo a Rosario, abandonando dos de los cañones que había tomado del cuartel.

Las noticias sobre los cien muertos que resultaron de la batalla de Villa Unión no tardaron en llegar a Mazatlán; se rumoraba, además, que Terrón había derrotado a Reyes y que aquél regresaba a la ciudad para tomarla de nuevo. Al día siguiente comenzaron a llegar los soldados heridos e incluso el propio coronel Reyes quien se apresuró a anunciar la derrota de los pronunciados.

Ramírez Terrón y sus seguidores se trasladaron a Rosario, población de la que también se posesionaron e impusieron préstamos forzosos. Pero las fuerzas federales ya se habían fortificado en Mazatlán con batallones llegados de San Blas,  La Paz, Guaymas y Tepic; las que muy pronto fueron comisionadas a dar con el alzado. Unos cálculos establecen que para entonces Ramírez Terrón contaba con unos seiscientos hombres, otros aseguran que eran unos ochocientos.

No obstante, sabiendo que el ejército venía en pos de ellos, tras pasar unos días en aquella ciudad, los pronunciados se trasladaron hasta Guadalupe Los Reyes, Cosalá.
Algunos autores señalan que Ramírez Terrón murió el día 22 de septiembre en El Salto, gracias a una traición, mientras que la prensa de California señala que murió en combate el día 13 de dicho mes.


viernes, 25 de noviembre de 2016

Presentación del libro Mazatlán Decimonónico IV



Está usted cordialmente invitado a la presentación del libro Mazatlán Decimonónico IV, de Antonio Lerma Garay.

La presentación, de lujo, será moderada por el maestro José Ángel Pescador Osuna, y contará con los comentarios de los maestros María Muñiz Ángel y Juan Lizárraga Tisnado.

La cita es a las 18:00 horas, seis de la tarde, de este miércoles 30 de noviembre, en la Biblioteca Central de la Universidad Autónoma de Sinaloa, muy cerca del Acuario.

Los esperamos a usted y sus amigos.

viernes, 21 de octubre de 2016

Navidad en Mazatlán

Título:  Navidad en Mazatlán
Autor: Antonio Lerma Garay
Género: Cuento
Público al que va dirigido: Infantil y juvenil 
Editorial:  Creativos 7, de Culiacán, Sinaloa.
Precio al público: $100.00

Con una par de niñas como protagonistas, y con personajes salidos de otras dimensiones,  Navidad en Mazatlán más allá de un cuento navideño, mezcla la realidad y la fantasía con el tema ecológico de actualidad.

Sinopsis
:

Ruth Alicia y Ana, dos niñas de ocho años de edad,  sueñan con que un día  nieve sobre la ciudad donde viven, Mazatlán. Pero  ésta se ubica sobre el Trópico de Cáncer y, por ende,  es calurosa casi al extremo. Por eso una noche ellas invocan a la Hada Madrina de lo Imposible, pero ésta es incapaz de lograr tal proeza. Entonces recurren a Santa Claus. Por casualidad concurre el fenómeno de El Niño, causando que la temperatura  descienda días tras  día. Sin embargo, aparece un tercer implicado: Sapam Junera (del idioma yaqui Sapam que significa hielo o nieve y Junera que significa feo) dios de la nieve y el hielo quien llevará los sueños de estas niñas a  extremos jamás imaginados. Vientos gélidos e incluso témpanos aparecen en las aguas tropicales,  causando enfermedades y muerte.

A la venta en:
Librería Aquamar,  sita en Heriberto Frías número 1123, Centro Histórico. Muy cerca de la Plazuela Machado.
Librería Casa del Caracol, sita en Constitución número 83, Centro Histórico. Muy cerca de la Plazuela Machado.
Librería de la Multiversidad Lationoamericana, sita en  calle 21 de marzo número 36, Centro, a un costado del Palacio Municipal.

viernes, 7 de octubre de 2016

Una Historia de Amor

Una Historia de Amor

En el marco de la Revolución Mexicana, el Cañonero Tampico sirvió a las fuerzas federales hasta el día veintidós de febrero de mil novecientos catorce, cuando varios de sus oficiales y tripulación no sólo desertaron sino que se unieron a los constitucionalistas; el principal oficial era Hilario Rodríguez Malpica, quien era nativo de Coatzacoalcos, Veracruz.


Capitán Hilario Rodríguez Malpica

Existe la versión de que Rodríguez Malpica conoció en un baile celebrado en Guaymas, Sonora, a una guapa señorita de quien se enamoró. Esa noche él le propuso matrimonio, mismo que ella rechazó aduciendo ser la hija de un   general  comandante de las fuerzas rebeldes en Topolobampo. Sin embargo ella le dijo que aceptaría casarse con él si tomaba  el cañonero Tampico y lo ponía  a disposición de su padre en dicho puerto sinaloense. De vuelta a su barco, Malpica aseguró a su superior haber recibido órdenes de trasladar el cañonero a Topolobampo para bombardear a los rebeldes, a lo cual aquél asintió. En este puerto el capitán huertista fue arrestado por sus enemigos y enviado a Mazatlán.  Malpica fue puesto por los rebeldes al mando del cañonero Tampico y poco tiempo después se casó con aquella guapa mujer.


martes, 4 de octubre de 2016

Ultraje en Mazatlán

Ultraje en Mazatlán

El día 10 de enero de 1877 la goleta Montana, al mando de Charles Anderson, zarpó de San Francisco, California, rumbo a Mazatlán y a los puertos guatemaltecos de San José, Champerico y La Libertad.  El buque transportaba una elevada cantidad de mercancías diversas tales como municiones, pólvora, maquinaria, papelería, zapatos, máquinas de coser, licores, papelería, etcétera. El valor total de  las que iban destinadas al puerto sinaloense ascendía a 15 886 dólares; las destinadas a los otros era de 5873. La carga dirigida al puerto nacional había sido debidamente declarada ante el consulado de México en la ciudad californiana; en  tanto que la que iría a Centroamérica siguió las normas de dicho país, y era propiedad de Parrot & Co, C. Adolphe Low & Co, M. Bromberger, Carrera, Roma & Co y Urruela & Urioste; todas ellas de la ciudad y condado de San Francisco. También en ese mismo mes y año el buque de guerra estadounidense USS Lackawanna, al mando del capitán William P. Mc Cune, se encontraba en los muelles sanfranciscanos.

Sin contratiempo alguno, días después el Montana ancló en las aguas mazatlecas, descargó la mercadería destinada a esta ciudad, y enseguida se preparó para zarpar rumbo a Centroamérica. Pero aquí se encontró con una muy desagradable sorpresa. El director de la aduana local, identificado sólo como Mijoni, ordenó al capitán descargara toda la mercancía a bordo de este navío ya que en su concepto cuanto buque tocara Mazatlán estaba obligado a bajar aquí toda su carga y pagar los aranceles correspondientes, aun de aquella que no estaba destinada a este puerto. El capitán Anderson no podía creer lo que le estaba ordenando la autoridad mexicana, pero se negó a bajar la carga que iba a dichos puertos centroamericanos. Ante esto, el jefe aduanal mexicano ordenó el aseguramiento del navío así como de toda la mercancía que se encontraba en él.

Anderson acudió de inmediato al consulado de Estados Unidos en el puerto solicitando el  auxilio de su titular, señor K. Eldridge, pero nada hizo cambiar de parecer al director de la aduana quien recién había llegado de la Ciudad de México y, a decir verdad, no era la legislación aduanal una de sus especialidades. Quizá este funcionario no tuvo la menor idea de las repercusiones que tendría la arbitrariedad que estaba cometiendo, y el asunto siguió su curso. Muy pronto la prensa de San Francisco notició este acto, al cual le otorgó el título de Ultraje en Mazatlán.

El 15 de febrero ante lo infructuoso de sus esfuerzos, el cónsul envió una carta a Schleiden & Scholl, compañía propietaria del navío detenido, dándole cuenta de su intervención en el caso. Así mismo le solicitaba informara este asunto a los propietarios de la carga decomisada.

Enterados de la detención del Montana y de su mercancía dirigida a Guatemala, el 8 de marzo los remitentes de ésta acudieron ante el director de la aduana de San Francisco y le pidieron hiciera del conocimiento del Procurador General y del Secretario de Estado este Ultraje en Mazatlán, para que tomaran el caso en sus manos. Pero en Washington el asunto ya era del conocimiento de un senador de apellido Sargent, quien fue directamente ante el este funcionario y tras informarle al respecto le pidió interviniera no sólo él, sino que solicitara la intervención del presidente, Rutherford B. Hayes.

La prensa de San Francisco investigó acerca de Mijoni y anunció que él había sido un seguidor de Maximiliano I y que había llegado a la aduana de Mazatlán por orden directa de Porfirio Díaz. Este indio, así lo calificó este periódico, se creía un indio muy grande, y ejemplificaba su actuar con el  refrán put a beggar on horseback, de mensaje parecido al mexicano no tiene la culpa el indio sino quien lo hace compadre. Sin embargo, lo primordial de esta nota fue su sentencia: “El resultado final será que ‘pobre México’ será forzado a pagar unas cinco veces lo que valen el buque y su carga” Por una u otra causa, finalmente Mijoni se desentendió del caso y en un principio lo puso en manos de sus superiores, pero casi al mismo tiempo lo cedió al Juez de Distrito de la localidad.

El 21 de marzo de ese año el Lackawanna, se encontraba en San Francisco cargando vituallas cuando su capitán recibió un telegrama enviado desde el Departamento de Marina, en Washington, D C, por el cual se le ordenaba trasladarse a Mazatlán a investigar el caso del Montana. McCune no perdió el tiempo y en cuestión de días el buque de guerra ancló en las aguas mazatlecas. Cierto fue que su capitán se abstuvo de inquirir ante las autoridades locales sobre el caso, pero la sola presencia del buque llevaba un claro mensaje.

El Juez de Distrito de Mazatlán tomó el caso en sus manos el mes de marzo, y su primera resolución fue que no podía dictar sentencia si la mercancía sobre la que giraba el asunto no estaba en poder del jefe de la aduana. En efecto, si bien éste había ordenado su decomiso, la carga aún se encontraba a bordo del Montana. Por ende el juez ordenó que la carga fuera bajada a tierra y fuera puesta a disposición del funcionario aduanal. Una vez que esto sucedió, el día 19 se llevó a cabo una audiencia a la que acudieron Anderson en compañía de su abogado, de apellido Galán, así como Mijoni. Ahí el juzgador emitió una resolución que no dejó satisfecho a ninguna de las partes: el jefe de la aduana no tenía derecho alguno para retener la goleta Montana  y, por ende, se ordenó a éste que la dejara en libertad de partir cuanto antes; sin embargo, la mercancía dirigida a Guatemala debería esperar una posterior decisión. El navío zarpó ese mismo día rumbo a San Blas, Jalisco, mientras que la carga quedaba a disposición del juez. Ante esto, el cónsul Eldridge aconsejó a Anderson darla por perdida y esperar la resolución que vendría desde la Ciudad de México, sí, pero con la presión que ya ejercía el Departamento de Estado.  

En efecto, los gobiernos de Washington y de la Ciudad de México ya habían tomado el asunto en sus manos. Y para el día 31 de marzo todos los oficiales de la aduana de Mazatlán fueron removidos de su cargo, previamente se había enviado un oficio reprobando el actuar de Mijoni.

Pero el Ultraje en Mazatlán no terminaba con el cese de los aduanales. Tal como lo había anticipado la nota del periódico Alta California Daily, los dueños del navío,  Schleiden & Scholl, lo mismo que los remitentes de la carga exigían una indemnización por el decomiso ilegal que les había impuesto la casa aduanal, y para ello aún se encontraba en las aguas mazatlecas el Lackawanna. No se dio a conocer el monto de la indemnización que el gobierno de Porfirio Díaz Morí se vio obligado a otorgar a las compañías perjudicadas por este incidente.