Un hombre de cincuenta años de edad, que jamás había tenido esposa ni mujer, vivía solo en su casa, sintiéndose solitario y deprimido. El pobre anhelaba tener una compañera en el otoño de su vida, pero ninguna mujer le hacía caso. Una noche de invierno fue a la cama solitario como siempre, pero antes de dormirse o rezó, oró y le imploró a todos los santos le concedieran una mujer. Minutos más tarde, en los sueños se le apareció primero un santo, a quien le dijo:
- Querido y milagroso San Javier,
concédeme el amor de una mujer.
A lo que éste le respondió:
- Una mujer muy pronto tendrás,
siempre y cuando no pidas de más.
Un poco más tarde, el hombre pareció haber olvidado algo, y pidió:
- Pero para favor, Santa Clara
quiero que sea de bella cara
Una hora más tarde le pidió a otro:
- Querido Santo Daniel,
que sea de suave piel.
Luego le dijo a otro de los santos:
- Pero te ruego, San Juan Nepomuceno,
que ella sea de grandes y bellos senos.
Al rato le rogó a uno más:
Por favor San Buenaventura
que sea de muy fina cintura.
A San Javier ya le parecía excesiva tanta petición del hombre solitario, pero lo comprendió. Sin embargo, el mortal volvió a pedir un atributo más, y le rogó al santo de su devoción:
- Pero sobre todo, Santo Niño de Atocha
Haz que tenga que tenga bien rica la
En ese instante San Javier lo despertó y el hombre no pudo terminar su ruego al santo niño. Y así fue como, por demandante, años más tarde murió solo sin una mujer.
martes, 4 de julio de 2017
viernes, 30 de junio de 2017
Lo Mejor del Mazatlán Decimonónico
Estimados amigos:
Voy a hacer una edición personal de LO MEJOR DEL MAZATLÁN DECIMONÓNICO, el cual contendrá selecciones de todo lo que yo he investigado y escrito acerca de nuestra ciudad y puerto.
NO HABRÁ PRESENTACIÓN OFICIAL, NO SE VA A VENDER EN LAS LIBRERÍAS, será únicamente por suscripción: La cooperación es de $ 220 el ejemplar.
Los artículos, más de treinta, se encuentran en libros editados y no editados, así como una media docena de historias sobre Mazatlán jamás contadas ni investigadas.
El número mínimo de suscripciones para lograr este proyecto es de 200. Espero alcanzar esa cifra a más tardar el 31 de julio.
Mayores informes por esta misma vía o en algmzt@hotmail.com
Atentamente
Antonio Lerma Garay
Antonio Lerma Garay
domingo, 25 de junio de 2017
Las Cenizas Mortuorias de Rudy
Nacido
el 16 de octubre de 1918 en Jerome, Arizona, Adolph Carrillo Diaz, era un indio
mescalero apache puro. Muy joven, se
unió al ejército estadounidense y durante la Segunda Guerra Mundial participó
como paracaidista. Habiendo tenido al menos 49 saltos, y tras obtener varias medallas alcanzó el
grado de sargento.
En
1946 se unió al Departamento de Policía de Los Ángeles, California, en el
escuadrón de narcóticos. Fue ahí donde jugó el papel por el que sería más
recordado como investigador: fue él uno de los primeros agentes en llegar a la
escena donde perdió la vida Marilyn Monroe, además de que como detective que
era participó en las pesquisas de esta muerte. En 1967 se retiró de la policía
y comenzó a trabajar como actor. En 1968 participó en la película “Bandolero”,
protagonizada por Raquel Welch, James Stewart y Dean Martin. Pero ese mismo año
su ex esposa Dorothy Abbott se suicidó, deprimida debido al rompimiento
matrimonial.
En
1976, Diaz se casó con la joven Beverly Gallaher, con quien tuvo varios hijos. Alto,
fornido, y debido a sus rasgos, Adolph, mejor conocido como Rudy Diaz,
participaba en los filmes como un tipo rudo, western casi todos éstos.
Una
faceta poco conocida de Rudy Diaz fue
que tuvo en su corazón predilección por una ciudad y puerto del pacífico
mexicano: Mazatlán. No era raro verlo en las calles y playas mazatlecas pasando
total y completamente inadvertido para los locales.
Ya
alejado de las cámaras, el paracaidista, el policía, el detective, el actor
Rudy Diaz murió el 5 de diciembre de 2006, a los 88 años de edad. Pero antes de
finar hizo a sus familiares una última petición. Tras la muerte del hombre,
algunos de éstos viajaron a Mazatlán para cumplir la palabra que
habían empeñado: Fue así como las cenizas morturoias de este actor fueron
esparcidas en las aguas mazatlecas. En el Mazatlán que Rudy tanto amó.
(En
la imagen: Rudy Diaz en la película “Bandolero”)
sábado, 24 de junio de 2017
El Día en que México Arrió la Bandera Estadounidense
La Isla Clipperton o de
Clipperton se ubica en el Océano Pacífico, frente a la costa del estado de Michoacán, a unos 1280
km de Acapulco. Esta isla, que en un
tiempo fue parte del territorio mexicano, es la parte de la Eurozona más
cercana a México.
Fue hacia marzo de 1898
cuando la compañía estadounidense «Oceanic Phosphate Company» comenzó a explotar los guanos que se
encontraban en dicha isla, se calcula que en un momento hubo unas 20000 toneladas
de este material, cuyo precio oscilaba
en unos 300 000 pesos oro. La verdad es que la isla estaba deshabitada, si bien
era visitada por los buques de guerra mexicanos, y fue por ello que los
trabajadores de la guanera construyeron casas para habitarlas, pero también izaron
la bandera de los Estados Unidos y comenzaron a considerarla como territorio de
dicho país. Entre los trabajadores había un total de treinta y seis japoneses
que habían llegado a la isla en junio de ese año a bordo del navío «Alice
Blanchard».
Pero, la lección que había
dado a México la secesión de Texas había quedado bien grabada para el gobierno
mexicano y fue por ello que estos incidentes no fueron del agrado del presidente Porfirio
Díaz.
La historia del cañonero
mexicano «Demócrata» se entrelaza continuamente y a través de los años con la
de Mazatlán. No era raro encontrar aquí anclado a este navío, tampoco era extraño
que de aquí fuera enviado a cumplir misiones en otras costas del país.
Enterado el gobierno
mexicano de que la Isla Clipperton comenzaba a ser considerada territorio estadounidense,
se ordenó a Teófilo Genesta, capitán del cañonero «Demócrata» reivindicar dicho territorio. Durante la travesía el buque
de guerra mexicano encontró mal tiempo. Era
el 14 de diciembre de dicho año cuando ancló en las aguas de esta isla, y el
mar continuaba agitado. De inmediato un bote fue bajado al mar, transportando
un in determinado número de soldados mexicanos. Sin embargo, debido a la
turbulencia de las aguas, éste se estrelló contra la barrera de coral y quedó
muy dañado. Ante este peligro, los hombres abandonaron sus rifles y espadas y
tuvieron que nadar para salvarse no sólo del mar embravecido, sino también de
los tiburones que abundaban en esas
aguas.
Muy pronto los
soldados mexicanos llegaron a tierra. Julián Santos, fogonero del buque,
llevaba consigo una bandera mexicana, la cual debía ser izada en es parte del
territorio mexicano. No pasó mucho tiempo antes de que alcanzaran tierra más
militares mexicanos. Los ciudadanos estadounidenses no opusieron resistencia
alguna. Se inició un breve parlamento en el que los nacionales explicaron a los
extranjeros que la Isla Clipperton era territorio mexicano y no estadounidense. Ante
esto, los mismos extranjeros arriaron la bandera de las barras y las estrellas.
Minutos después, tras una ceremonia marcial, fue izada la bandera tricolor.
Japoneses y
estadounidenses fueron desalojados de la isla y fueron subidos al «Alice
Blanchard», que ancló en San Francisco, California, el 16 de diciembre.
Tras este incidente se anunció que la compañía guanera demandaría
al gobierno mexicano por daños y perjuicios. Sin embargo, en el otro lado del
mundo, el 4 de enero de 1899, un periódico publicado en Francia anunciaba que
la Isla Clipperton era parte del territorio francés.
La verdad es que meses antes, ese mismo año,
ya había sucedido un incidente similar.
(Fotografía del
cañonero «Demócrata» cortesía de la
Secretaría de Marina)
miércoles, 21 de junio de 2017
martes, 13 de junio de 2017
A Mi Madre
Perfecto sabías que llegaría
cuando estuvieras desmenuzando la carne del pollo, que yo no iba a faltar a esa cita. Con gusto,
de reojo me veías llegar a la cocina. Tu
sonrisa y tu mirada me anunciaban que ya
me esperabas, que me habías apartado el cartílago pectoral del ave. No había
necesidad de pedírtelo, siempre lo tenías ahí, reservado sólo para mí. Tus ojos
brillaban al verme saborearlo. Entonces pensaba yo que esa ternilla era lo que
más me gustaba. ¡Qué equivocado estaba!
Ahora, décadas después, me doy cuenta de que ese cartílago era un mero
pretexto, que en realidad disfrutaba de
todo ese momento: saber que me esperabas, tu mirada de reojo, tu sonrisa, el
brillo en tus ojos, tu gusto por complacerme.
Si mil veces naciera, mil veces te elegiría como
mi madre.
viernes, 9 de junio de 2017
Se Seguirá llamando “Avenida Reforma”
Se Seguirá llamando “Avenida Reforma”
Hace unas cuantas semanas el ayuntamiento de Mazatlán, encabezado por el alcalde Fernando Pucheta emitió un acuerdo por el que decidió cambiar el nombre de la calle “Reforma”, imponiéndole el de una persona que aún vive.
Cambiar el nombre de una calle o de una colonia es un atentado en contra de la Historia y de la Cultura de la ciudad. Una calle y su nombre no son entes ajenos a la cultura e identidad de la gente, del pueblo; todo lo contrario. Por una calle la gente, el pueblo, transita, camina, se pasea, va de compras, estudia, trabaja, habita. Con esta casi imperceptible relación entre el pueblo y una determinada calle, el nombre de ésta deja de ser una simple denominación, trasciende y se convierte en parte de la cultura del pueblo a través de la costumbre y de la tradición.
La definición de “cultura” que sostiene la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) coadyuva en mi planteamiento: «...la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias y que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden. »
Sin embargo, ayer me llegó una nota periodística de Pedro Seminario en el que anuncia que dicho cambio de nombre queda revocado. A la letra, dice asi:
«En un encuentro informal, previo a la ceremonia de toma de protesta del Rector de la UAS, el gobernador del estado, Quirino Ordaz Coppel le comentó al maestro José Ángel Pescador Osuna, distinguido miembro de El Colegio de Sinaloa y Director del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en Sinaloa, que podía estar tranquilo ya que ya no se impondría el nombre de Lety Coppel a la avenida Reforma en el puerto de Mazatlán, respetando con ello la historia. Quirino dijo al respecto que vale la pena imponer a una calle el nombre de la extraordinaria mujer altruista, para lo cual se pueden analizar otras opciones en alguna otra zona de la ciudad.»
No obstante, aún queda en el aire el que se cambie de nombre a otra calle de la ciudad. En este punto me atrevo a preguntar ¿Cuál es la necesidad de cambiarle el nombre a una calle? ¿Acaso no puede el ayuntamiento pedir a una fraccionadora poner el nombre de la persona a quien se desea honrar a una calle o avenida que apenas va a ser inaugurada? Ahí está Pradera Dorada VI que apenas está en proceso de apertura y seguro hay varias más.
jueves, 25 de mayo de 2017
Winston Churchil y Supertramp
En 1977 el grupo británico
de rock Supertramp lanzó su disco «Even in the Quietest Moments, Aun en los
momentos más tranquilos.»
Las siete canciones contendidas en el disco
fueron escritas por los entonces líderes de la banda, Rick Davies y Roger
Hodgson. La portada, en la que predominan el azul y el blanco, se ve un piano y
su banquillo, cubiertos de nieve, sobre
aquél la partitura de la última y más larga de las canciones del disco: «Fool’s Overture, Obertura del tonto» de casi once
minutos. Esta pieza comienza suavemente con un piano que luego de segundos es
acompañado por una flauta, seguidos por unas campanadas y trompetas...
Pero, hablando de
ingleses, dicen que el discurso más famoso de la Historia fue el que dio Winston
Churchil cuando los nazis comenzaban a invadir parte de Europa, y amenazaban a
la propia Gran Bretaña. El 10 de mayo de 1940 Churchil había tomado el cargo de
primer ministro, y coincidentemente el ejército de Adolph Hitler había
comenzado su ofensiva a Holanda, Bélgica y Luxemburgo. El estadista inglés
sabía bien que la Gran Bretaña era uno de los objetivos de los alemanes, y el 4
de junio de 1940, pronunció este discurso que ha recibido el nombre de «We
shall fight in the beaches, Pelearemos en las playas». La parte final del discurso
es más que emotiva, le advierte al régimen alemán que los ingleses se defenderían
y que lucharían hasta el final.
Transcurre suave,
tranquilamente la Obertura del tonto y justo cuando llega a 2:26 (dos minutos
veintiséis segundos) Davies y Hodgson reproducen parte esencial del final de «We shall fight in the beaches»:
We shall go on to the end... we shall fight on the seas and oceans… we
shall defend our island, whatever the cost may be... we shall never surrender (Iremos
hasta el fin… pelearemos en los mares y océanos… defenderemos nuestra isla, a
cualquier costo… jamás nos rendiremos)
Las campanadas que
preceden a este extracto, que parecen llamar al servicio religioso, no son coincidencia,
son incidentales. Al final de éste una campanada más, exaltada, seguida por la
nota del piano igual de sonora.
…We shall never
surrender
sábado, 13 de mayo de 2017
¿Conoces a la «mazatleca» Kate Corbaley?
¿Conoces
a la «mazatleca» Kate Corbaley?
Proveniente de Panamá el
vapor Alaska llegó a Mazatlán a las seis treinta de la mañana del 29 de agosto
de 1878 y zarpó de aquí ese mismo día, a
las 10:30 de la noche. En el puerto
sinaloense la señora W J Hinckley abordó el barco y se dispuso a viajar hasta
San Francisco, California. Sin embargo,
la mujer se encontraba en avanzado estado de embarazo y dos días después, el primero de septiembre, la mujer dio luz a una
bebé. El señor Austin era el capitán del
Alaska, y según la tradición de ese entonces, era prerrogativa de este
oficial ponerle el nombre a quien naciera en su buque, fue por ello que aquella niña fue
bautizada como Kate Alaska Hinckley, en honor al vapor que la vio nacer.
Algunos biógrafos de
esta niña consideran que nació en altamar, frente a Mazatlán. Creció en Colton
y en San Berbardino, California. Se graduó de la Universidad de Stanford,
obteniendo los más altos honores. Muy joven Alaska Hinckley se casó con Charles
Corbaley, ingeniero de Los Ángeles, pero
tras doce años de matrimonio terminaron divorciándose. Fue entonces cuando la
mujer descubrió su verdadera vocación y
pasión: se dedicó a escribir guiones cinematográficos y otras historias.
Escribía también artículos para revistas de mujeres. En una ocasión declaró: «Para algunas personas la vida es narrativa, para otras es drama. Para
mí la vida es dramática. Nunca es una historia, y para mí escribir es la forma
más fácil de expresión.»
En 1918 escribió Real Folks, con el que ganó un
concurso de la revista Photoplay y que fue su primer éxito. Muy pronto se
sumaron otras películas exitosas como Fire Brigade, Silent Sanderson, Teh
Badlands y varias más.
En 1926 se unió a la Metro
Golden Mayer y fue la responsable de analizar los guiones que escritores en
busca de fortuna enviaban a la compañía para transformarlas en películas. Se
calcula que ella leyó más de 5000 guiones.
Cuando Kate Alaska murió de
neumonía, el 23 de septiembre de 1938, dejó a cuatro hijas, dos hermanas y un
hermano.
¿Habías oído hablar de esta
escritora «mazatleca»?
En la foto: La señora
Corbaley y sus cuatro hijos.
Créditos fotográficos:
Revista Photoplay. Enero de 1918. P. 103
lunes, 8 de mayo de 2017
La Primera Bicicleta en Mazatlán
La
Primera Bicicleta en Mazatlán
Borda en los límites
de la imposibilidad conocer la fecha exacta de la llegada de la primera
bicicleta a Mazatlán, es en realidad muy difícil saber siquiera el año en que
esto sucedió. Seguro es que llegó en barco, casi seguro que provenía de San
Francisco, California, pero cuándo…No obstante, el año 1899 se publicó en
Estados Unidos «Davy. Historia de un Gringuito» del escritor
Henry S. Brooks en la que se nos brindan algunos datos reveladores al
respecto. Davy Bowman y su madre se hospedaban en el Hotel Internacional de
Mazatlán. Él era un niño de unos siete años de edad. Su padre era el coronel
Bowman, superintendente de la Hacienda de los Toros, una mina en realidad,
donde pasaba semanas enteras. La época en que se ubica está anécdota es muy
cerca de la toma de Mazatlán por el ejército francés.
Una tarde apareció el
coronel en el patio del hotel y le mostró a Davy una pequeña bicicleta, ya éste
había recibido varias lecciones para montarla por lo que de inmediato su subió en
ella y se paseó. Por la tarde, le había prometido su padre, el niño podría ir a
la «alameda», es decir a la plazuela a pasearse. Y así sucedió. Horas más
tarde, ya que el sol caía y el calor
había cedido unos cuantos grados, Davy y su bicicleta hicieron su aparición en
la Plazuela de Mazatlán. Ahí ya se encontraban don Eugenio y el escritor
Brooks, amigos del pequeño, quienes lo animaron a pasearse.
Al ver al niño rubio
montado en aquel artefacto, todos los niños corrieron hacia él para presenciar
el espectáculo inédito. No se trataba de una draisina, tampoco de triciclo para
niños. No. Ahí estaba la bicicleta de Davy, la primera en aparecer en Mazatlán.
Entre los pequeños
espectadores se encontraba una nativa de nombre Lolita Sánchez, de la misma edad que Davy. Brooks, al verla
interesada en la escena que se desarrollaba, la llamó para preguntarle:
«- Hija, qué piensa
de todo esto.
- Creo que el
gringuito es muy valiente –exclamo ella.
- Y muy ágil. ¿No?
-Si señor.
- ¿Te gustaría pasear
en bicicleta?
- Si señor –dijo
hesitando. Pero las bicicletas no son para las niñas. Podría caer y lastimarme.
- ¿Te gustaría hablar
con el gringuito?
- Si señor –dijo ella
sin el menor rubor.»
Muy pronto Brooks
presentó a Lolita y a Davy. Y mientras ella se mostraba interesada en aquel
niño extranjero, éste no ocultaba su indiferencia. Al lado de ellos, un gran
número de niños mazatlecos estudiaba, admiraba aquel artefacto de dos ruedas
que nunca antes habían visto.
Días después Davy
regresó solo a la plazuela para pasearse en su bicicleta, y entonces sucedió lo
impensable: un policía celoso de su deber arrestó al pequeño por pasearse en la
alameda y marchó con él y su bicicleta al juzgado. Eugenio y el escritor
Brooks, al enterarse de este absurdo, corrieron de inmediato al rescate del
pequeño. Cuando los dos estadounidenses entraron al edificio quedaron
sorprendidos al ver a Davy sentado junto al alcalde como si fueran viejos
amigos. Éste no sabía una palabra de inglés y el español del pequeño era muy
limitado, pero ahí estaban hombre y niño sonrientes, platicando lo mejor que la barrera idiomática
les permitía.
Muy pronto el alcalde
les pidió lo acompañaran. Y ahí iban él, Eugenio, Brooks y Davy montado en su reluciente bicicleta. Ya
en la plazuela, el oficial mexicano le dijo al pequeño ciclista: «De norte a
sur, de oriente a poniente, todas las banquetas de Mazatlán son tuyas para que
te pasees a gusto»
lunes, 13 de marzo de 2017
Ramón Corona y Antonio Rosales Derrocan a Jesús García Morales
Jesús García Morales
Sin
lugar a dudas los tres principales generales con que contaba el presidente
Benito Juárez en su lucha contra Maximiliano I y sus defensores, invasores franceses y proimperialistas
mexicanos, fueron Porfirio Díaz Mori, Mariano Escobedo de la Peña y Ramón Corona Madrigal. Si bien
hubo muchos más patriotas que se distinguieron durante la Invasión Francesa,
pero fueron estos tres quienes le dieron la victoria.
Ramón
Corona fue quien incansablemente defendió el suelo sinaloense, en especial
Mazatlán y el sur de Sinaloa, pero sus relaciones con los demás defensores de
la patria no eran miel sobre hojuelas. Plácido Vega Daza era el poderosísimo
gobernador de Sinaloa, cuando fue al centro del país a defender la patria al
frente de la Brigada Sinaloa, la cual salió de Mazatlán el día 5 de febrero de
1863. Luego el presidente Juárez ordenó a Vega partiera a San Francisco,
California, a comprar armas y pertrechos
para el ejército mexicano, poniendo así fin a su carrera política.
Allá,
en San Francisco, el general Vega tuvo la oportunidad de auxiliar a un
personaje que al menos en dos ocasiones había intentado derrocarlo: Antonio
Rosales. Huyendo y sin dinero, éste se presentó ante su antiguo enemigo
diciéndole que se ponía a su disposición
para auxiliar a la patria frente a la invasión francesa. Plácido Vega pagó a
Antonio Rosales su viaje de San
Francisco a Mazatlán, le dio dinero para sus gastos.
Al
partir hacia el centro del país, Plácido Vega había nombrado como gobernador
del estado al sonorense Jesús García Morales, y con aquél fuera del país tanto
Corona como Rosales se dispusieron a derrocarlo.
Los
problemas para García Morales se hicieron visibles ya desde el día 2 de octubre
de 1863 cuando doscientos de sus hombres desertaron, tomaron sus armas y se
establecieron en un punto denominado Loma Travesada, muy cerca de Mazatlán, a
la sazón capital del estado.
El
lunes 10 de octubre Ramón Corona y sus hombres se encontraban en
Villa Unión mientras que en Mazatlán sólo se esperaba la inminente llegada de
los buques de guerra franceses que se posesionarían de la ciudad. Pero Corona
ya había decidido derrocar al alfil de su enemigo Vega Daza y el miércoles 12
estacionó a su ejército en Urías. Esta noticia pronto llegó al puerto y de
inmediato los comerciantes removieron de sus negocios los objetos valiosos. El jueves llegó y con ello la tensión crecía
entre la ciudadanía. El ataque de Corona en contra del gobernador era
inminente.
El
viernes 14 Ramón Corona envió un ultimátum al gobernador Jesús García Morales
conminándole a entregar la plaza, de lo
contrario el ataque comenzaría en forma inmediata. Morales contaba con 500
hombres bajo su mando y tres cañones de 36 libras además de armamento
menor; Corona tenía 600 de infantería y
200 de caballería, además de mil hombres más estacionados en Villa Unión.
Llegó
la noche del viernes y con ello la luna llena se hizo presente, permitiendo una visibilidad óptima para lo
que comenzaría a las dos de la mañana del ya sábado. Desde los techos de las
casas cientos de mazatlecos fueron testigos del golpe de estado. Los soldados
de Corona se movieron desde Palos
Prietos y avanzaron hacia la ciudad. Al llegar a unos 500 metros de la garita
los artilleros de García Morales abrieron fuego pero no causaron baja alguna.
Ante esto, los hombres de Corona avanzaron contra sus enemigos y abrieron fuego
de rifle principalmente contra los de los cañones. Los demás soldados, al ver que eran superados
en número se unieron a las filas de Corona y juntos avanzaron hacia la ciudad.
A pesar de esto, las bajas en las filas de Corona fueron quince muertos
y diez heridos, mientras que en las del gobernador murieron tres y cuatro o
cinco lesionados. El gobernador García Morales al saberse derrotado se trasladó
hasta los muelles donde fue tomado preso por el mismo Ramón Corona. El paso
siguiente fue que las fuerzas de éste se posesionaron de los edificios públicos.
Así terminó esta rápida batalla que tuvo como objetivo derrocar al gobernador
amigo de Vega Daza.
Sin
embargo, ya con los hombres de García Morales derrotados, las filas de Corona tuvieron más bajas. A las
nueve de la mañana del mismo sábado se escuchó una explosión en el cuartel
general cuando unas granadas que habían sido dejadas por los hombres
derrotados entraron en contacto con un
cigarro que fumaba uno de los soldados. El resultado fue de cuatro hombres
muertos y diez heridos.
Ese
mismo día Corona nombró gobernador del
estado al coronel Joaquín Sánchez y
Román y al periodista Pablo Retes le dio posesión como prefecto de la ciudad.
Pero el nombramiento recaído sobre Sánchez Román no duraría, ya Corona y
Antonio Rosales habían decidido que éste sería el nuevo gobernador del estado
de Sinaloa.
Por
otra parte, García Morales no permaneció preso por mucho
tiempo, ya que el día siguiente, domingo fue puesto en libertad permitiéndole abordar ese mismo día el buque
John L. Stephens que lo llevó hasta Guaymas.
miércoles, 8 de marzo de 2017
Jesús Ramírez Terrón Toma Mazatlán
Bernardo Reyes
Jesús
Ramírez Terrón Toma Mazatlán
El Cuartel de Artillería de
Mazatlán se encontraba estratégicamente situado en la loma de la calle del
Puente (hoy Benito Juárez) donde ahora se encuentran el Centro de Salud y la escuela
primaria Antonio Rosales. Desde este punto se dominaba al norte la Bahía de
Puerto Viejo, al sur la ciudad entera, al poniente el Cerro de la Nevería, y al
oriente la Casa Mata. El 26 de junio de 1880 anclado en dicha bahía se
encontraba el cañonero México. Eran las tres de la mañana de ese día cuando llegaron
hasta ese punto el general Jesús Ramírez Terrón acompañado del ex gobernador
Domingo Rubí, así como unos cincuenta hombres, muchos de ellos sin armas. En el
edificio militar se encontraban aproximadamente 150 soldados. Ahí un oficial de
artillería le arrojó la llave de la entrada principal. Una vez adentro él llamó la atención de sus hombres y los
hizo ver cómo arrojaba las llaves para que nadie saliera por donde había
entrado. Luego sus seguidores
procedieron a asegurar las armas que encontraron, entre ellas cuatro piezas de
artillería. En ese instante todo un pelotón de artillería se adhirió a los
recién llegados. Una pared los separaba de los soldados que permanecían fieles
a su institución, y Ramírez Terrón dio la orden de derribarla a punta de
cañonazos. Durante las siguientes horas el intercambio de disparos no paró y
los muertos y heridos no se hicieron esperar. Pero las fuerzas del general
rebelde habían asegurado la mayor parte de las municiones disponibles y gracias
a ello devino la derrota de la
contraparte, tras la cual tomaron a muchos de ellos como prisioneros. Entre
los defensores del cuartel se encontraba un general de apellido Valle, quien
nunca se rindió ante los hombres de Terrón, y sólo abandonó la batalla una vez
que disparó contra ellos la última de sus balas. Muchos de los vencidos que
lograron huir se apresuraban a llegar al cañonero para refugiarse, unos en
lanchas y otros nadando. El saldo final del combate, que terminó hacia las
nueve de la mañana, fue de treinta
muertos e igual número de heridos.
En 1876, siendo prefecto de
Culiacán, el coronel Jesús Ramírez Terrón había sido, quizá, el principal
dirigente en el estado del Plan de Tuxtepec que Porfirio Díaz había pronunciado
en contra del gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada. Además, en 1877 fue gobernador del estado de Sinaloa,
aunque había fungido en forma interina. Y
en las elecciones estatales de ese año sus aspiraciones de ocupar de nuevo la
gubernatura se vieron truncadas porque la constitución le prohibía contender en
ellas. Así, para 1880, Terrón se creía el candidato natural para suceder a Francisco
Cañedo. Pero Porfirio Díaz lo desairó y en su lugar mandó a Mariano Martínez de
Castro. Ante esto, Terrón se trasladó hasta Copalá donde el día 2 de noviembre
de 1879 lanzó su Plan de Copala,
adhiriéndose a la proclama hecha por el general Miguel Negrete y desconociendo
el gobierno de Porfirio Díaz.
Aquella mañana de 1880 no
nada más los militares habían quedado a la merced de los golpistas, los
funcionarios de las oficinas gubernamentales sabían que si caían en manos de
aquéllos podrían ser pasados por las armas, principalmente los encargados de la
aduana. Y para prevenir esto, ellos también se refugiaron en el México.
Al amanecer el general Jesús
Ramírez Terrón se había apoderado de Mazatlán y no había poder alguno que se lo
impidiera. Esa misma mañana el hombre convocó a una junta a los principales
comerciantes de la ciudad. Ahí les exigió un préstamo forzoso por la cantidad de cien mil pesos. La casa
Echeguren, Sobrinos y Compañía fue obligada a cubrir la mitad del efectivo, el
resto se distribuyó entre Peña y Compañía, Jesús Escobar, Bartning Brothers,
Melchers y otras. El golpista obtuvo sesenta
mil pesos en efectivo más cuarenta mil en documentos cobrables.
Llegó el día 30 y Mazatlán
permanecía aún en poder de Ramírez Terrón y sus hombres. No obstante, desde
Guaymas, Sonora, ya había llegado el cañonero Demócrata, con unos ochenta soldados, que venían al rescate de la
ciudad, el puerto y los ciudadanos. Ese era el plan… pero sus
resultados fueron de lo más contraproducentes. Ese mismo día el buque ancló en
Puerto Viejo teniendo al alcance y con buena vista el cuartel de artillería. Y
comenzó el bombardeo. El cañonero disparó de 18 a 20 cañonazos en contra del
edificio militar, pero no ocasionó ni una baja ya que las balas fueron a parar
a otras casas, algunas de ellas incluso pasaron por el cielo y fueron a parar
hasta la Bahía del Fondeadero.
El bombardeo causó varias
casas destruidas y, por ende, un considerable número de mujeres y niños muertos;
pero ni un solo soldado de Ramírez Terrón fue herido. Testigos de la masacre
que se efectuaba, los cónsules de Estados Unidos, Alemania y Chile, señores
Kelton, Sowerbûtts y Magaña, abordaron una lancha y con una bandera blanca
fueron hacia el Demócrata para
pedirle a su capitán que cesara el ataque a la población. El cese comenzó, pero
el capitán del barco advirtió a los diplomáticos que éste continuaría sólo si
los asaltantes en tierra no atacaban al navío. Esa misma noche del cañonero
salió una lancha con varios soldados cuya misión era asegurar el pequeño buque Coquille, pero no tuvieron éxito.
La situación en Mazatlán era
como una paradoja. Los comercios se habían visto obligados a cerrar sus puertas
después de los saqueos de que fueron objeto durante el primer día de la
revuelta. Ramírez Terrón y sus hombres se habían posesionado de la ciudad y
puerto, pero a la vez ejercían una dictadura que no permitía ni un solo desmán
ni alboroto.
Llegó el primero de julio y
nada ni nadie podía remover a los pronunciados de esta ciudad. Pero con el día
tres llegaron rumores de que desde Rosario avanzaba un regimiento de caballería
al mando del coronel Bernardo Reyes. Además, el vapor Newbern había sido contratado para trasladar desde Guaymas y La Paz
unos quinientos soldados que venían a combatir a los alzados. Por si ambos
regimientos no fueran suficientes, el ejército también movilizó hacia este
puerto unos seiscientos hombres que
tenía en Tepic.
Entre la noche del día tres
y la madrugada del cuatro Terrón y sus hombres evacuaron Mazatlán llevando
cuatro piezas de artillería que habían tomado del cuartel. Eran aproximadamente
las dos de la tarde del día siguiente cuando en las cercanías de Villa Unión los
casi quinientos hombres de Terrón se
encontraron con el regimiento de Bernardo Reyes, compuesto de doscientos
cincuenta efectivos. De inmediato comenzó un combate que se prolongó hasta las
seis de la tarde cuando ambas partes pactaron un cese al fuego. La verdad era
que los hombres de Reyes se encontraban prácticamente sin parque, y éste había sufrido
dos heridas que ponían en riesgo su vida. A pesar de esto, Ramírez Terrón fue derrotado y se vio obligado
a huir rumbo a Rosario, abandonando dos de los cañones que había tomado del
cuartel.
Las noticias sobre los cien
muertos que resultaron de la batalla de Villa Unión no tardaron en llegar a
Mazatlán; se rumoraba, además, que Terrón había derrotado a Reyes y que aquél
regresaba a la ciudad para tomarla de nuevo. Al día siguiente comenzaron a
llegar los soldados heridos e incluso el propio coronel Reyes quien se apresuró
a anunciar la derrota de los pronunciados.
Ramírez Terrón y sus
seguidores se trasladaron a Rosario, población de la que también se
posesionaron e impusieron préstamos forzosos. Pero las fuerzas federales ya se
habían fortificado en Mazatlán con batallones llegados de San Blas, La Paz, Guaymas y Tepic; las que muy pronto
fueron comisionadas a dar con el alzado. Unos cálculos establecen que para
entonces Ramírez Terrón contaba con unos seiscientos hombres, otros aseguran
que eran unos ochocientos.
No obstante, sabiendo que el
ejército venía en pos de ellos, tras pasar unos días en aquella ciudad, los
pronunciados se trasladaron hasta Guadalupe Los Reyes, Cosalá.
Algunos autores señalan que Ramírez
Terrón murió el día 22 de septiembre en El Salto, gracias a una traición,
mientras que la prensa de California señala que murió en combate el día 13 de dicho
mes.
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