martes, 9 de agosto de 2016
viernes, 5 de agosto de 2016
The Mazatlan Cosmopolitan
A las cuatro de la tarde del
día 15 de noviembre de 1862 el vapor Oregon, capitaneado por el señor Edgar Wakeman, zarpó
de San Francisco, California, rumbo al puerto de Mazatlán, al cual arribó diez
días más tarde, a las 2:20 de la mañana del 25 del mismo mes. Al día siguiente salió
rumbo a La Paz y Guaymas para luego regresar al puerto sinaloense, donde se
encontraba el buque de guerra inglés HMS
Tribune así como el navío mercante Mazatlan, de bandera danesa. Desde este
punto, el 8 de diciembre inició su
retorno al puerto californiano llevando, entre otros pasajeros, a don Fernando
Cortez, asistente personal del gobernador Plácido Vega Daza; a la esposa del
general Emilio Lamberg, también allegado
del gobernador sinaloense; y al pintor
Fortunato Arriola, quien viajaba en compañía de uno de sus hijos.
El vapor también
transportaba diversas mercancías a comerciantes de San Francisco, así como los
dos primeros números de uno de los
hebdomadarios más especiales que se editaran en el México del siglo XIX: The Mazatlan Cosmopolitan; El Cosmopolita de
Mazatlán. El periódico aparecía los jueves y su contenido era tanto en
idioma inglés como español, su editor era el estadounidense A. D. Jones, quien
había laborado en San Francisco para el diario Daily Alta California. El señor Jones no podía haber escogido título
más adecuado para este periódico bilingüe:
cosmopolita, que, entre otras acepciones, significa lugar en el que confluyen personas de diversas naciones y costumbres. Y
es que desde su nacimiento como villa, Mazatlán se distinguió por ser un punto
donde convivían mexicanos venidos de apartados puntos del país, así como
extranjeros provenientes de las ciudades anseáticas, de Francia, de Inglaterra,
de China, de Estados Unidos y de otros países. En las calles de Mazatlán se
hablaban cuatro idiomas; español, inglés, francés y alemán. De hecho así lo
describió un corresponsal en la prensa de San Francisco: “Para quien ha vivido cualquier período de tiempo en el interior de
México, Mazatlán aparece como que pertenece a otro país, probablemente esto se
debe a la influencia extranjera ejercida en el puerto durante los últimos
veinte años…”
En su edición del día 4 de
diciembre de 1862 el Cosmopolitan dio cuenta de la corrida de toros celebrada
la tarde del domingo anterior, 30 de noviembre. Unas dos mil personas, muchas
de ellas extranjeros, atestiguaron el toreo de ese día que comprendió cuatro o
cinco de estos ungulados. También dio cuenta de la llegada de la fragata de
guerra inglesa Tribune, de 23 cañones
y una tripulación de 300 hombres comandados por Lord Bufford; el navío provenía
de Callao, Perú. Desde Durango había arribado una conducta que traía un total
de $ 157 500.00 para diversos comerciantes de la ciudad.
El día primero de enero de
1863 el semanario bilingüe dio la noticia de que el cónsul de Estados Unidos en
Guaymas, W. L. Baker, y varias personas más habían sido masacrados al sur de
dicho puerto por los indios Yaquis. Para el día 15 anunció que Sinaloa tenía un
jefe del ejército, don Jesús García Morales. Y el día 29 del mismo mes el
Cosmopolitan anunció que de Mazatlán la Brigada Sinaloa, compuesta de unos 2200
hombres, zarpaba a bordo de cinco barcos a enfrentar a los invasores franceses.
El día primero de febrero se
publicó un número extraordinario del semanario. En este especial se notició el
asesinato del joven estadounidense James Isaac Williams.
Ahora bien, quedan en el
aire dos cosas de este semanario bilingüe. Uno, cuándo apareció el primer número;
dos, si el señor Jones no era versado en el idioma de Cervantes, quién le
auxiliaba en la sección en español. El Oregon
arribó a San Francisco el día 18 de diciembre, habiendo zarpado de Mazatlán el
día 8. Y consigo llevaba los dos primeros números del The Mazatlan Cosmopolitan. Uno de ellos del día jueves 4 de
diciembre. Por ende, sacando cuentas, el primer número de este semanario debió
haber aparecido el jueves 27 de
noviembre de 1862. Y en lo que respecta a la mitad en nuestro idioma, fue el
señor Miguel F. Castro quien se
encargaba de ella.
El señor A D Jones se dio
cuenta que su experimento periodístico sí valía la pena, y fue por ello que The Mazatlan Cosmopolitan tuvo una muy corta vida. El día 12 de
mayo de 1863 apareció el primer número de The
Mazatlan Times, que vino a sustituir al Cosmopolitan, con dos grandes diferencias:
éste no era bilingüe, sino que se
editaba exclusivamente en idioma inglés; ergo, el nombre de don Miguel F.
Castro ya no apareció en el Times, ya que no era él necesario para editar el nuevo
hebdomadario.
viernes, 29 de julio de 2016
miércoles, 27 de julio de 2016
El Fusilamiento de Coleman J. Smith
El día 31 de enero de 1863 al
menos dos estadounidenses se encontraban hospedados en el Hotel Cosmopolitan de
Mazatlán; uno de ellos era un joven de nombre James Isaac Williams, el otro era
Coleman J. Smith, un capitán y
propietario de una goleta, quien había vivido en Alameda County, cuya principal
ciudad es Oakland, California. Ya oscurecía cuando el primero de ellos se
retiró a su habitación, se desvistió y
se acostó. Sin embargo, alrededor de las nueve de la noche otro hombre
pasó por el cuarto en que se hospedaba Williams y notó que sangraba del cuello.
De inmediato él dio la voz de alarma. Al escucharlo varios hombres más
corrieron hacia el cuarto del joven suicida y lo hallaron aún con vida. Sin
embargo, el joven no podía hablar debido a que ya agonizaba. Al verlo así un
hombre corrió en busca de un doctor, pero cuando éste llegó al hotel Isaac ya
había perdido la vida.
En el cuarto se encontró una
nota escrita a lápiz en un miserable trozo de papel, la cual decía: “Mi vida es una carga, y no culpo a nadie más
que a mí. A nadie se culpe por este acto. He sufrido todo el tiempo que pude soportar y
vivir. Sepúltenme donde sea mejor. J.
Isaac Williams.”
Todo indicaba que se trataba
de un suicidio, aunque no aparecía el cuchillo que Williams debía haber
utilizado para quitarse la vida. Fue por ello que los hombres iniciaron una
búsqueda de dicha arma blanca y sólo encontraron un cuchillo de cocina común,
pero que no había sido usado en el “suicidio” ya que no tenía rastros de
sangre. Unos voluntarios entraron al baño y encontraron escondido en la taza un
cuchillo de carnicero ensangrentado y que se veía recién afilado. Isaac no
podía haberse suicidado en su cama y haber dejado el arma en el baño. Ahora
había indicios de que no se trataba de un suicidio como quería hacer creer
aquella nota, sino que alguien había matado al joven.
Por alguna rara razón
alguien comenzó a sospechar del capitán Coleman
y se trasladaron al cuarto de éste. Ahí
encontraron una camisa blanca con rastros de sangre. En el patio también
se encontró una chaqueta ensangrentada que, admitió el sospechoso, era de su propiedad.
Ahí mismo la policía de
Mazatlán arrestó al capitán bajo sospechas de que había sido él quien había
asesinado al joven Williams. Las pertenencias del difunto fueron entregadas al
cónsul de los Estados Unidos en el puerto.
El capitán de la goleta tenía en realidad una mala reputación.
En una ocasión en su barco viajaba por
el Golfo de California cuando uno de sus marineros le exigió le pagara los días
trabajados. Smith no se amilanó y conminó al trabajador a dejar de molestarlo.
Luego, al pasar cerca de una isla acercó el barco a ésta y bajó a tierra junto
con quien osaba exigir su dinero. El
capitán del barco regresó solo a éste. Tiempo después el cuerpo del infortunado
fue encontrado en la misma isla; había sido asesinado con un arma de fuego.
También se supo que Coleman había sido involucrado en tres homicidios más, los
cuales habían tenido como fin despojar de su dinero a los asesinados. Con la ropa ensangrentada propiedad del
capitán y con estos antecedentes la policía tenía sobradas razones para el arresto.
En la época en que sucedió
el homicidio del joven Williams los juicios eran sumarios verbales, muy rápidos. El asesinato en cuestión sucedió el
día 31 de enero y un par de semanas después el hombre fue sentenciado a morir
fusilado. El juez fijó las doce horas del día 22 de febrero; el fusilamiento
tendría lugar precisamente en el traspatio del hotel donde se había cometido el
asesinato. Pero el caso no paró ahí ya
que Coleman apeló la sentencia. A pesar
de esto, el Tribunal Superior confirmó la
sentencia.
Coleman J. Smith pudo
aplazar su muerte, pero no por mucho tiempo. La sentencia definitiva lo condenó
a morir fusilado el día 15 de marzo. Y llegado el momento, el hombre fue
llevado al paredón donde uno de los soldados intentó vendarle los ojos, pero el
hombre lo rechazó. Además pidió ser él quien diera la orden al pelotón. Ambos
deseos le fueron concedidos. Sin vendas en
los ojos, sin mostrar miedo ni arrepentimiento, él hombre dio la orden al
pelotón para que le dispararan. Fue así como, atestiguado
por un elevado número de mazatlecos curiosos, Coleman fue ejecutado por haber
asesinado al joven James Isaac Williams.
sábado, 23 de julio de 2016
Carlos Karam Quiñones, director del INAPI Sinaloa, cuestionado.
Esta nota fue tomada de: Noroeste. Culiacán. 13 de julio de 2016. P. 2 Local, Palabra de Lector.
¡Vivan la transparencia y la Innovación!
¡Vivan la transparencia y la Innovación!
El INAPI y su Convocatoria; un verdadero traspié
Antonio Lerma Garay
El 14 de marzo de este año el
Instituto de Apoyo a la Investigación e Innovación, dirigido por Carlos Karam
Quiñones, lanzó la Convocatoria para Denominar
con el Nombre de Un(a) Sinaloense Distinguido(a) al Premio a la Mejor Tesis de
Posgrado, cuyo proceso se ha visto
controvertido debido a las inconsistencias en que se ha incurrido por parte del
propio INAPI. Leí con atención la carta aparecida en el diario Noroeste del día
13 de julio de este año, signada por la doctora Dina Beltrán López, en la que
cuestiona el procedimiento seguido para designar el nombre de la Mejor Tesis de
Posgrado, como lo propone este instituto.
Basta con leer la primera línea de la
convocatoria para darse cuenta de una
serie de errores en la redacción, que la hacen ver que quien o quienes la
redactaron conocen poco el idioma español. El texto puede ser leído en la
página oficial del INAPI. Desde el
primer renglón se puede ver que el convocante confunde el género gramatical con
el sexo de las personas; algo que puso de moda el señor Vicente Fox Quezada
basado, tengo entendido, en su concepto de equidad de género. Este
desdoblamiento léxico (ciudadanos –as–) al que constantemente recurre el INAPI
en su convocatoria no habla bien de quienes intervinieron en su redacción; si
les era tan imprescindible recalcar que se incluye a hombres y mujeres, en vez
de ciudadanos(as) pudieron utilizar la palabra ciudadanía. Pero aún hay más,
resulta que al convocar a ciudadanos y ciudadanas, el INAPI excluye a un gran
porcentaje de la población ya que el artículo 34 de la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos establece que “Son ciudadanos de la República los
varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los
siguientes requisitos: I. Haber cumplido 18 años, y II. Tener un modo honesto
de vivir.” Es decir, la convocatoria en cuestión excluye a todos los jóvenes
que son menores de edad, muchos de ellos estudiantes de preparatoria y secundaria.
Ya en las bases del documento que inicia el proceso que la
doctora Dina cuestiona, en el apartado I
Objetivos, se señala: “Denominar al
Premio a la Mejor Tesis de Posgrado a la memoria de un(a) distinguido(a)
sinaloense de excepción, con aportaciones de gran relevancia para la cultura,
la ciencia y la formación de recursos humanos.” Sin embargo, en el apartado
1 de Propuestas se establece: “Los(as)
participantes deberán proponer a la memoria de un(a) sinaloense destacado(a) en
el ámbito científico y tecnológico, su nombre para complementar la denominación
actual que lleva el Premio a la Mejor Tesis de Posgrado.” En este nuevo
párrafo se excluye a sinaloenses ejemplares en el campo de la formación de
recursos humanos y en la cultura; no obstante, se agrega para quedar únicamente
a aquellos sinaloenses que han destacado en el “ámbito científico y tecnológico” Es decir, el apartado 1 de
propuestas, contradice parcialmente al apartado I de objetivos, ambos de la
misma convocatoria.
Pero este tipo de errores no es nuevo
en el INAPI. El artículo séptimo del Código de Ética del INAPI, signado por
Karam Quiñones el año 2014, se plasmó de esta manera: Para efectos del presente
código se entenderá por I. Instituto de Apoyo a la Investigación e Innovación.
Es obvio que lo que se pretendió aclarar en dicho precepto es que a lo largo de
dicho código al decir “instituto” debe entenderse “Instituto de Apoyo a la Investigación e
Innovación” pero al no hacerse esa aclaración en el artículo séptimo y dado que
de ahí en adelante se alude al INAPI (no se refiere a éste ya que no existe esa
aclaración preceptual) simplemente como “instituto”, lo que conlleva una serie
de imprecisiones en muchos de sus 40 artículos.
Pero, cómo saber si el sinaloense propuesto
es o ha sido distinguido. El propio INAPI puso como regla en el apartado II,
Propuestas, 6, que para llegar a esta convicción los concursantes deben
investigar y desarrollar una semblanza del personaje propuesto. Aquí de nueva
cuenta, me parece a todas luces, existe una contradicción en la redacción de
esta convocatoria ya que según el diccionario de la lengua española de la Real
Academia, una semblanza es un bosquejo
biográfico, lo cual significa una traza primera de cualquier obra intelectual o
artística, o una idea vaga y preliminar de algo. No obstante las anteriores
definiciones, el INAPI determina que esa semblanza debe tener hasta tres
cuartillas de extensión. ¿Puede una semblanza extenderse hasta las tres
cuartillas sin dejar de ser eso, una semblanza? Checando miles de biografías en
las enciclopedias puede uno darse cuenta de que la gran mayoría de ellas apenas
abarcan de una a dos hojas.
El INAPI nos muestra en su sitio web que
en la terna de finalistas de sinaloenses distinguidos se encuentran sólo tres; el jurista Raúl Cervantes Ahumada, Eustaquio
Buelna Pérez y don Juan de Dios Bátiz. Pero
aún así, le concedo la razón a la doctora Dina Beltrán cuando nos dice que lo
que ahí se nos muestran son textos tomados de internet, y no como establece la
regla 6 de Propuestas del apartado II de la convocatoria, que a la letra dice: “6. La semblanza deberá constar de un texto
de tres cuartillas como máximo, y debe ser desarrollada a través de un proceso
de investigación y/o argumentación por parte del(a) o los(as) integrante(s) de
la propuesta.”
¿Esto es innovación, esto es
transparencia? La verdad es que dista mucho de ser cualquiera de ellas.
El Colegio de Sinaloa tiene la beca
Raúl Cervantes Ahumada en Ciencias Sociales y Humanidades; el nombre de Buelna
satura los eventos y actividades culturales a lo largo y ancho del estado; para
que figure el nombre de Juan de Dios Bátiz, ¿se tomó en cuenta su marcada
xenofobia? Porque no hay que olvidar su papel en la expulsión de los ciudadanos
chinos de Sinaloa.
Y es aquí donde yo me atrevo a preguntar ¿De
verdad en Sinaloa sólo estos tres personajes son ejemplares o distinguidos?
Espero que el INAPI, a través de su
director Carlos Karam Quiñones, desista de este traspié y cancele esta Convocatoria para Denominar con el Nombre de Un(a) Sinaloense
Distinguido(a) al Premio a la Mejor Tesis de Posgrado, debido a todas las irregularidades que ha
habido en el proceso de selección ésta.
De no ser así, queda a los
interesados recurrir a la justicia administrativa para revocar el resultado que
pudiera derivarse el cual sería, a todas luces ilegal. De ser necesario los interesados pueden
llevar el asunto hasta sus últimas instancias, ante la justicia federal.
domingo, 17 de julio de 2016
Después de la Tormenta
Marga López en El Hijo Desobediente
Tin Tan y su compañero Marcelo bebían alcohol, se emborrachaban en un cabaret
de la Ciudad de México. Los efectos de las bebidas ya eran visibles en ambos,
la voz del primero trastabillaba, el segundo apenas atinaba a responder. La
mesera que les atendía los miraba con gran impaciencia. Ella era joven, de unos
veinte años de edad; bella, alta y delgada, de gran cabellera negra. Con
impaciencia, con una voz típica de chilango les reclamó que la tenían ahí parada pero que no
ordenaban nada. Se trata ésta de una
escena de la película El Hijo Desobediente, 1945, dirigida por Humberto Gómez
Landero y estelarizada por este par de comediantes. En el último de los
créditos actorales se puede leer el nombre de una mujer que en este film hizo
su debut y que aparece sólo por unos breves
segundos. Ella es la impaciente mesera que atiende a aquel par de borrachos en
el tugurio: se trata de doña Marga López.
Marga López nació en Tucumán,
Argentina, y murió en la Ciudad de México el año 2005, tras una larga y exitosa carrera como actriz. Tele visa nos acostumbró a su
imagen y voz gracias a las innumerables ocasiones en que transmitió las
películas Los Tres García, Vuelven los
García y Un Rincón Cerca del Cielo; en
las dos primeras actuando como Lupita, o
Lupita Smith, y como Margarita en la última. Para el año 1959 ya había
participado en 52 películas y fue entonces cuando su belleza y dotes
histriónicos llamaron la atención de Luis Buñuel, con quien trabajó como
Beatriz en el filme Nazarín, 1959, el cual de vez en cuando se asomaba en la
programación cultural del citado grupo televisivo.
Pero cuatro años antes de la
filmación de Nazarín, en 1955, Marga López actuó en dos películas que por su
tema nunca fueron transmitidas por la televisión abierta de México. La primera
fue Después de la Tormenta, la otra De Carne Somos. En ésta Marga López da vida a Linda, una mujer muy liberal que para sostener a su hombre, Mario Vidal
interpretado por Carlos Rivas, quien aspira a ser un gran escritor, no duda en
rentar su cuerpo por las calles oscuras de la ciudad de México.
En Después de la Tormenta, Marga
López interpreta el papel de Rosa Rivero, una abnegada mujer que sólo vive para
su esposo Melchor, interpretado por Ramón Gay. La historia se desarrolla en la
diminuta Isla de Lobos, en la costa norte del estado de Veracruz. Melchor es el
guarda faro en la pequeña isla, y con él y su esposa viven su gemelo Rafael con su esposa María, Lilia Prado, y
Pepito, el hijo de éstos.
Melchor y Rafael, interpretados ambos
por Ramón Gay, son físicamente idénticos.
María es mucho más joven que Rosa, además es bella y sensual. Pero ésta es incapaz de ocultar los deseos que siente
por su cuñado Melchor, y esto él lo sabe. Pero Rosa también está consciente de esta
situación, y es por ello que ha conminado a su hombre a dejar la isla e irse a
vivir a otro lugar
Un día los hermanos salen en su
canoa a bucear lejos de Isla de Lobos para extraer perlas y ya por la tarde son
sorprendidos por un norte que voltea su pequeña embarcación. En tierra, esa
noche se hace interminable para las dos concuñas ante la incertidumbre del destino de sus hombres. La mañana siguiente llega una
lancha con noticias de los gemelos: la tarde anterior su embarcación fue
hundida por las violentas olas pero uno
de ellos fue rescatado por otra canoa; del otro hombre nada se sabe. Ambas mujeres se preguntan quién será el
sobreviviente ¿Melchor o Rafael?
Más tarde se ve que se aproxima
una lancha que trae al ex náufrago a quien de inmediato Rosa reconoce como su
esposo Melchor. Sin embargo, el hombre dice ser Rafael, el esposo de María.
Tanto Rosa como María y aun Pepito se ven confusos. Rosa no puede creer que el
hombre no sea el suyo, Melchor. Pero María es joven, atractiva y lujuriosa,
además ella desea al gemelo de su esposo, y a él ésta no le era indiferente, así que esa noche la supuesta
viuda a través de una ventana cerrada ve las sombras de su concuña y el sobreviviente haciendo el amor
desenfrenadamente.
Poco después se acerca a la isla
un barco de pesca a borde del cual viene el verdadero Rafael quien había sido
rescatado de las aguas por la tripulación del buque. En cuanto Rosa se da
cuenta de quién se trata, para evitar que su cuñado se entere de la situación, corre a avisarles a María y Melchor quienes se
encuentran en su nido de amor. A pesar
de que entre los tres, Melchor, María y ella, esconden lo sucedido entre éste y
su cuñada, Pepito se encarga de proporcionar datos a Rafael haciendo que el hombre se entere del amorío
que ha habido entre su mujer y su hermano gemelo.
Por su parte la abnegada Rosa es capaz de perdonar el engaño y el desliz
de su esposo, pero…
Marga López y José Luis Jiménez,
actor de reparto, fueron nominados para
recibir el Ariel de Plata del año 1956, mientras que el niño, Pepito Romay fue
nominado y lo obtuvo al igual que Manuel Topete, por el sonido de la película.
Pero la calidad de Después de la
tormenta traspasó las fronteras nacionales y su director, Roberto Gavaldón, fue
nominado para recibir el León de Oro como mejor director en el Festival de Cine de Venecia del año
1955.
domingo, 3 de julio de 2016
El Misterioso Cuadro de Fortunato Arriola
A las ocho de la mañana del
3 de septiembre de 1864 fue inaugurada la Cuarta Feria Industrial de Mecánicos
de San Francisco, para la cual se erigió un gran pabellón en Union Square,
entre las calles Stockton y Powell. La
feria exhibía miles de artículos de las diversas ramas de la industria: minerales, vegetales, madera,
carbón, asfalto, petróleo, además de una gran variedad de productos y maquinaria; vinos, frutas, madera, muebles,
gabinetes, bombas de agua, etcétera. Había más de 500 personas y compañías
presentando al público sus productos.
Debido al elevado número de productos en exhibición, esta feria fue considerada como la
más extensa jamás hecha en todo el estado de California.
Pero esta exposición también tuvo una galería de arte con un
elevado número de pinturas al óleo hechas por los más prestigiados artistas
locales. Al fondo de esta sección, como si sus obras no tuvieran mérito
suficiente, se encontraban una pintura de tamaño natural de una señorita de
Mazatlán, otro de una señorita de San Francisco y uno más, un autorretrato del
autor de éstos.
Fortunato Arriola era el
autor de estos tres cuadros. Él nació en la sierra sur de Sinaloa, en Cosalá,
el año 1827. Su abuelo era un español que había sido enviado por el gobierno de
su país a México en una misión político-diplomática. El hijo de éste, padre del
pintor, había permanecido en México y supo aprovechar la situación de aquel
entonces ya que adquirió ricas tierras y minas. Sin embargo, debido a las
constantes turbulencias políticas así como las había adquirido, las había
perdido. Fortunato sabía que al arte corría por sus venas y quiso
ir a Europa a estudiar, pero su padre se lo impidió suplicándole no lo
dejara solo. Fue así como aquel joven se hizo un artista autodidacta.
Sintiendo el llamado del
arte, Fortunato en 1847 abandonó Cosalá y se fue a vivir al puerto, a Mazatlán,
donde conoció a quien sería su esposa, la joven Guadalupe Arzápalo. Pero esta
ciudad tampoco llenó sus expectativas y en 1857 viajó a San Francisco,
California, dejando atrás a su esposa y siete hijos. Ahí abrió su estudio en el número 235 de la
calle Washington, esquina con Waverly, y a
partir del día 23 de enero de 1859, quizá antes, comenzó a publicitarse
en el diario Alta California Daily de
la siguiente manera: “Fortunato Arriola,
Artista. Retratos al óleo hechos en vivo o a partir de daguerrotipos. Paisajes
de la naturaleza y fotografías pintadas al óleo. Pinturas de niños en el estilo
más satisfactorio.”
En efecto, para sobrevivir,
Arriola pintaba retratos, paisajes, banderillas con emblemas, y llevaba a cabo
cualquier encargo de pintura que se le hiciera. Pero también daba clases de
pintura. Toby Rosenthal, un prestigiado pintor de esa generación y quien fuera su
alumno le encontraba un parecido con el
artista Diego Velázquez, y sobre él
escribió así: Fortunato era alto, de piel amarillenta, con grandes ojos color
negro, de nariz casi griega, labios rojos, con barba y bigote negro.
En octubre de 1866 la galería
Snow & Roos exhibía en su escaparate principal una nueva ´pintura, de la
cual la prensa local escribió: “Notamos
en el escaparate de los señores Snow & Roos un gran cuadro al óleo de
“Helmet Rock y Punta Lobos”, de Arriola. La vista está tomada del lado sur de
la entrada al Golden Gate, y la imagen tiene sus méritos, aunque con algunos fuertes defectos de apariencia.
La escena es invernal, las nubes espesas y oscuras, el agua corriendo
pesadamente en la playa rocosa, y las colinas se visten en el brillante
verdor que sólo se ve en la localidad
durante la estación de lluvias o inmediatamente después de ésta. En general, se
calcula que el cuadro suma no poco a la
ya alta reputación del joven artista.” Las pinturas del señor Arriola ya
eran consideradas como de buen gusto. Atrás había quedado aquella Feria
Industrial de Mecánicos en la que la obra del cosalteco fue colocada en la
parte posterior de la galería.
En diciembre de 1868 los
artistas locales acordaron la creación de una Sociedad de Artistas, y Arriola
no se quedó atrás; también suscribió el contrato de creación. Y en la primera recepción que dio la
Asociación de Arte de San Francisco, ya en 1871, Arriola participó con 18 de sus obras.
En febrero de 1868 se
inauguró una exhibición en la misma galería.
Y ahí estuvieron dos obras de
Arriola, ambas con en el Istmo de
Tehuantepec como objetivo central, la primera titulada Amanecer y la otra
Ocaso, ambas en el citado istmo. El reportaje sobre esta exhibición ubicaba a
Arriola como, al menos, un buen artista. Y fue por ello que el periodista fue
hasta el estudio del artista y describió los cuadros que ahí encontró, en su
mayoría paisajes de San Francisco y sus alrededores.
En 1862 Rosenthal, de
familia judía proveniente de Prusia, era
un niño de doce años cuando se apareció en el estudio de Arriola, fascinado por
los cuadros de éste, el pequeño miraba alrededor. Entonces le mostró al
colsalteco un cuadro pintado por él; el hombre quedó prendido y le dijo al
menor: “Te enseñaré todo lo que sé sin
cobrarte, aunque no creo que te enseñaré mucho; tu estilo es superior al mío”.
Y cuando ya no pudo enseñarle más, fue Fortunato a la casa de los padres de
Toby y les dijo llanamente que él ya había hecho todo lo que podía hacer como
maestro del joven, que sólo quedaba enviarlo a estudiar a Europa. Y así fue,
los padres del muchacho de 17 años de edad habían estado ahorrando para cuando
llegara ese momento; muy pronto él abordó un barco rumbo a Alemania.
Pero Fortunato no pudo olvidar que él también
quería ir a Europa, a estudiar más y especializarse en su arte. Habrían de
pasar dos lustros hasta que por fin pudo hacer realidad su sueño, y se fue él
solo a Europa a estudiar, pero antes de hacerlo trajo a su esposa e hijos de
regreso a Mazatlán. El día 4 de agosto
de 1870 se vendieron en una subasta varios de sus cuadros, y ahí hizo públicas
sus intenciones de viajar a Europa en plan de estudios. El viaje incluiría
Italia, Austria, Turquía y,
posiblemente, Francia y Prusia.
Y como suele suceder,
Arriola también era un artista del hambre, y fue por ello que el 17 de
septiembre de 1871 figuró en una lista nada placentera, aparecida en el Daily
Alta California de San Francisco. Pero no sólo se trataba de él, el listado
incluía a cientos de ciudadanos de San Francisco; el pintor adeudaba a la
ciudad la cantidad de tres dólares con treinta y siete centavos.
Por fin, pues, Arriola
viajó a Europa, pero al regresar el destino ya le aguardaba.
Del viejo mundo hasta San Francisco el viaje incluía una escala obligada en
Nueva York, ciudad en la que ya habían hecho aparición sus obras. Y el 10 de
agosto de 1872 el pintor abordó el buque Bienville
que tras incendiarse en el Atlántico se hundió el día 15 del mismo mes y año.
Una persona vio al pintor aferrado a un barril
que flotaba en las aguas, su cara mostraba desesperación, pero a la vez tranquilidad.
Las infalibles leyes de la física permitieron a aquel barril flotar por un corto tiempo hasta
que se hundió llevándose al fondo al artista Fortunato Arriola, aquel cosalteco
ilustre.
Guadalupe Arzápalo y sus
doce huérfanos guardaban en Mazatlán el retorno de Fortunato cuando se
enteraron de su prematura muerte. Al
parecer ella no se acostumbró a la vida de Mazatlán y regresó junto a sus doce
hijos a San Francisco, donde recibió la ayuda de los amigos y colegas de su
finado esposo.
Los colegas de profesión del
joven fallecido formaron un comité de ayuda a la viuda y sus hijos, donando sus
propias obras para venderlas en una subasta pública que se realizó el 18 de
noviembre de ese mismo año. Antes de ello el comité de ayuda para la familia de
Arriola envió una carta al artista Alfred Bierstadt solicitándole donara una de
sus obras para auxilio de la viuda y sus huérfanos. Pero este artista no quiso
o no pudo donar una de sus pinturas y les envió un cheque por cincuenta dólares
acompañado de una nota que decía: “Este
es el único dibujo que tengo a la mano ahora, y me temo que no traerá más que
las figuras insertas en la esquina. Podría, sin embargo, traer una suma mucho
más grande. Podría ser que valga la pena enmarcarlo.” Petulancia o sinceridad,
cómo saber de qué se trataba. El caso fue que su nombre no figuró en el comité
de ayuda para la familia de Arriola.
También el 12 de abril de 1874 se realizó una subasta en
una exhibición denominada Elaine, de todo lo que se donó ahí, ciento cuarenta y
un dólares fueron para el fondo de ayuda para la familia de Fortunato Arriola.
Arriola era un paisajista
tropical conocido también como “el luminista americano”, y muchas de sus obras
se observaban paisajes de San Francisco y sus alrededores, así como de México.
Pero también, para hacerse de más recursos económicos, pintaba retratos de
quien lo requiriera. A las ocho quince de la mañana del día 11 de diciembre de
1868 murió la prestigiada actriz Helen Western, cuyas actuaciones incluían a
Inglaterra, Irlanda, Escocia, Sudamérica y, por supuesto, su natal Estados
Unidos. Pero ella pocos meses atrás lucía bella y feliz en la Maguire’s Opera House de San Francisco.
Presumía la joven no sólo su belleza natural sino también una pintura de ella,
en tamaño natural, que recientemente había sido realizada por uno de los más
prestigiados artistas de la localidad, don Fortunato Arriola.
Aún hoy día se conservan
varias obras de Arriola en museos de Estados Unidos, y aun en la colección
privada del comediante Steve Martin, quien sobre él, en una entrevista dijo: “Fortunato Arriola, un desconocido pero buen
artista quien, a propósito, murió joven, ahogado en el mar”. Pero de todos
los paisajes y retratos que pintó aquel joven cosalteco no hay uno sólo que
llame tanto la atención como un óleo de 121 por 193 centímetros que lleva por
título “Paisaje Tropical” del año 1870, inspirado quizá por sus orígenes
sinaloenses, aunque se anuncia como paisaje de Panamá. Cuando Arriola realizó
este cuadro se podían ver tres hombres vestidos como ricos hacendados cabalgando sendos equinos; el
primero es azabache, el del medio blancuzco y el último café. Los caballos con sus jinetes encima comienzan a
cruzar lo que parece ser una gran laguna, al fondo se ven unas montañas. Detrás
de los hombres hay dos palmas de plátano, al fondo otros árboles, un alto
cocotero y arbustos. Frente a ellos se aprecia el agua tranquila, y más allá un
gran árbol que parece ser una ceiba con un gran número de arbustos a su pie.
Este cuadro fue adquirido por el Museo de la ciudad de
Oakland y puesto en exhibición permanente. Sin embargo, cuando fue puesto a la
vista de los visitantes, esta pintura de don Fortunato Arriola ya no era la
misma que en 1870.
Cocotero, palmas plataneras,
ceiba y demás vegetación permanece igual; lo mismo sucede con el lago y las
montañas. Pero aquellos tres hombres vestidos como hacendados han desaparecido.
Y en su lugar han emergido un hombre sobre el primero de los caballos,
enseguida se encuentra una mujer vestida de negro pero que no se ubica sobre
ninguno de los ungulados, a su lado hay otra mujer que monta el equino albo y a
su lado sobre el tercer animal otro hombre que con su sombrero en la mano
derecha parece ventilarse mitigando el calor. Los cuatro personajes,
indudablemente citadinos, no campiranos, van elegantemente vestidos, con ropa
decimonónica. Es inocultable que en las caras de la primera pareja hay
preocupación, angustia mientras que en la de la otra mujer hay dolor. El cuarto
personaje parece dirigir palabras de consuelo a ésta. Además en el bridón del
tercer equino se aprecia el escudo de los Estados Unidos.
Se han hecho estudios a este
cuadro para entender qué o quién usurpó el pincel de Arriola. Sin embargo,
hasta ahora nadie se explica cómo emergieron esos cambios en el cuadro,
ni quién fue el autor de éstos.
jueves, 23 de junio de 2016
La Batalla de Palos Prietos
Era el once de septiembre de
1866 cuando los franceses se encontraban en posesión de la garita de Palos
Prietos, a menos de un par de kilómetros al norte de la ciudad, mientras que
Ramón Corona y sus hombres se encontraban en Villa Unión. Ni los franceses ni
los imperialistas mexicanos esperaban que los juaristas los atacaran. Sin
embargo, amparados por la oscuridad de la noche, Ramón Corona y unos cuatro mil
de sus hombres avanzaban desde el presidio hacia ese punto. Su misión era apoderarse de él.
La guarnición de los franceses en el puerto se componía de unos dos mil
soldados, quinientos de ellos hombres de Manuel Lozada. De todos ellos, unos ciento ochenta soldados al mando del
capitán Delatask defendían la garita.
Hacia las dos y media de la
mañana del día 12 unos setecientos hombres al mando del coronel Jorge Granados
y otro de apellido Martínez se colocaron hacia el sur de Palos Prietos,
cortando el paso de posibles refuerzos que llegaran desde el puerto. Y a las
tres de la mañana comenzó el combate, los juaristas atacaron a los imperialistas
por tres ángulos, norte, sur y oriente. Su superioridad numérica era amplia, pero los
franceses se defendían con todo lo que podían. Luego de tres intentos, los hombres
de Granados lograron penetrar a los terrenos de la garita y se apoderaron de un
polvorín y de un cañón.
Sin embargo, Delatask arengó
a sus hombres para que retomaran esta pieza, y en ese instante un grupo
compuesto por un teniente de apellido Maire, al mando de cuarenta hombres, se abalanzó a punta de bayoneta contra los
mexicanos que retiraban la pieza de artillería arrastrándola. Les dieron
alcance e intentaron retomar dicha arma, pero de inmediato recibieron balas que
les llegaban de todos los ángulos, lo que los obligó a abandonar la misión.
Pero Maire no se rindió y minutos después de nueva cuenta fue por el cañón,
esta vez con sólo veinticinco hombres, y de nuevo llegó hasta donde estaba.
Entonces Delatask le envió refuerzos y esta vez sí pudieron recuperar la pieza.
Mientras tanto el ejército francés en la ciudad se preparó para enviar
refuerzos hasta Palos Prietos, al mando de un comandante de apellido Robiero, pero
cuando salieron muy cerca ya los esperaban los soldados mexicanos. Mientras
avanzaban hacia la garita los imperialistas eran atacados por los republicanos,
y aquéllos no dejaban de responder el fuego. Ya eran las cuatro de la mañana
cuando los refuerzos llegaron hasta donde se encontraban Delatask y sus
hombres. Poco después salieron del
puerto más refuerzos, el Batallón de
Cazadores de África y el de caballería. Sólo así los franceses pudieron
contener a los juaristas y hasta pudieron replegarlos.
A las diez de la mañana el
combate había terminado aunque en la distancia aún se escuchaban balazos. Los
imperialistas habían defendido la garita y los juaristas no habían podido
posesionarse de ella. Delatask, Maire, Robiero, Granados, Martínez y todos
ellos se comportaron como los más fieros guerreros; cada quien defendiendo su causa y los colores de su bandera.
No obstante, aún faltaba
más. Esa misma mañana un número indeterminado de hombres pertenecientes al Batallón
de Cazadores de África, montando sus finos caballos árabes, salió en
persecución de los mexicanos que iban en retirada. En su carrera no se dieron cuenta
que éstos les tendían una emboscada y sin remedio cayeron en ella. Muchos de
esos cazadores y sus caballos cayeron víctimas de las balas de los hombres de
Corona que les esperaban escondidos.
La Batalla de Palos Prietos
del día 12 de septiembre de 1866 fue la más cruenta de las que tuvieron lugar
en Sinaloa durante la Intervención Francesa. En cuanto a número de caídos ni
siquiera la Batalla de Villa Unión tiene comparación. En la que se efectuó en
las afueras de Mazatlán los franceses tuvieron 150 caídos, entre muertos y
heridos; por su parte los imperialistas mexicanos reportaron 300 muertos,
mientras que en las filas de Ramón Corona hubo 250. También, sólo en las filas
de Granados cayeron tres caballos y una mula, además de los caballos árabes en
mención.
Desde media mañana del día
12, en Palos Prietos y sus alrededores el campo era dantesco, aquello parecía el infierno. Los
muertos sumaban más de seiscientos pero, peor aún, lo que hacía aún más
espeluznante la escena fue que la gran mayoría de éstos estaban mutilados y destrozados ya que habían
muerto a través de bayonetas, espadas y
machetes.
domingo, 19 de junio de 2016
Un anuncio del HOTEL CENTRAL
The Oasis. Nogales. 12 de junio de 1912. P. 9
HOTEL CENTRAL. Mazatlán, Sinaloa, México. F. QUEVEDO, propietario. El único hotel de primera clase en la ciudad. Localizado en el cenro, cerca de los bancos, la oficina de telégrafos y todas las principales casas mercantiles. Con restaurante, cuartos bien amueblados, luz eléctrica, baños, etcétera.
Calle Principal # 364.
Apartado Postal 64
La Invasión Estadounidense a Mazatlán
(Tomado de Mazatlán Decimonónico, de
Antonio Lerma Garay)
Hacia
el año mil ochocientos treinta Mazatlán no era sino un pueblo de indígenas
pescadores en las cercanías del cerro de la Aduana. Diez años después se
convirtió en el principal puerto del Pacífico mejicano y alcanzaba ya la suma
de diez mil habitantes. De ahí que el gobierno de James K. Polk considerara
como máxima prioridad el aseguramiento del puerto sinaloense en caso de una
guerra contra la República Mejicana.
El
dieciocho de noviembre de mil ochocientos cuarenta y cinco ancló en aguas
mazatlecas el buque de guerra Savannah, al mando de John Drake Sloat. El buque
saludó la bandera mejicana, que era izada en lo que hoy es el Cerro del Vigía,
y el saludo fue respondido de acuerdo con los usos de la época. Sloat era el
Comandante en Jefe del Escuadrón del Pacífico, el cual estaba integrado por los
barcos: Savannah, de 54 cañones; Congress, de 60 cañones; las balandras Warren,
Portsmouth, Cyane y Levant, de 24 cañones cada una; la goleta Shark de 12
cañones y el buque Erie.
Drake
Sloat sabía que la guerra entre Estados Unidos y la República Mejicana era
inminente, por lo que permaneció en Mazatlán por varios meses. Los vientos de
guerra entre ambos países estaban presentes desde mucho antes: el veinte de
octubre de mil ochocientos cuarenta y dos, creyendo que la guerra ya había
comenzado, el comodoro Thomas C. Jones se posesionó de Monterey, Alta
California, República Mejicana.
Sloat
y sus hombres presenciaban la escuadra inglesa al mando del almirante George
Seymour, a bordo del Collingwood, ir y venir entre Mazatlán, San Blas y
California. Existían rumores de que la República Mejicana pagaría a Inglaterra
su deuda cediéndole la Alta California o que los británicos se apoderarían del
territorio por la fuerza.
El
diecisiete de febrero de mil ochocientos cuarenta y seis, aún sin declaración
de guerra alguna, el Portsmouth inició el bloqueo a Mazatlán. En marzo de ese
mismo año excepto el Congress y el Cyane, todo el Escuadrón del Pacífico se
encontraba en Mazatlán.
Fue
el quince de mayo de mil ochocientos cuarenta y seis cuando la ambición del
presidente estadounidense le llevó a firmar la declaración de guerra contra la
República Mejicana. No obstante, ni los mazatlecos ni la flota estadounidense
en el Pacífico tenían noticias sobre ello.
En
aquel entonces, Mazatlán era punto neurálgico del correo. Muchas noticias
llegaban a México a través de las naves que arribaban al puerto. En un viaje
que duraba aproximadamente siete días a caballo, la correspondencia era llevada
de aquí a lugares como Durango o Guadalajara; el camino inverso del correo era
el mismo. Por esta razón, la guerra ya había estallado en el Golfo de México,
aunque en el Pacífico Drake Sloat lo ignoraba.
No
fue sino hasta el seis de junio de mil ochocientos cuarenta y seis cuando el
futuro Comodoro recibió noticias de que la guerra había comenzado, por lo que
se preparó a entrar en acción. El día siete de junio Drake Sloat no tomó y
ocupó Mazatlán, sino que zarpó rumbo a la Alta California. Mucho más importante
que posesionarse del puerto sinaloense, John Drake Sloat tenía otra tarea. Como
Comandante en Jefe del Escuadrón del Pacífico, él había recibido instrucciones
precisas de que al momento de tener noticias de que guerra había comenzado se
posesionaría del territorio de California y lo reclamaría para Estados Unidos. Fue así como un mes después, el siete de
julio de mil ochocientos cuarenta y seis izó la bandera estadounidense en el
edificio de Aduanas de Monterey. De ahí, el ejército estadounidense se apropió
de la Baja California.
Entre
el seis y siete de septiembre de mil ochocientos cuarenta y seis el buque de
guerra estadounidense Warren llegó a Mazatlán y encontró anclado en el puerto
la fragata de guerra mejicana Malek Adhel. Era éste un barco mercante que el
gobierno mejicano había habilitado como fragata adicionándole varios cañones.
Los estadounidenses bajaron una lancha del Warren y prácticamente se la robaron
a los soldados mexicanos sin disparar un solo tiro. También durante el bloqueo
los soldados estadounidenses se hicieron de una barcaza proveniente de La Paz
del cual tomaron azúcar, frutas secas y papas.
El
primero de mayo de mil ochocientos cuarenta y siete, de uno de los barcos
estadounidenses bajaron dos botes de reconocimiento en busca de un punto donde
amarrar el barco en caso de atacar. Sin embargo, los botes se acercaron
demasiado a tierra y fueron descubiertos por los soldados mexicanos. Éstos de
inmediato se aprestaron a repeler lo que parecía un inminente desembarco. Los
tambores resonaban, la caballería mexicana galopaba incesante en la arena,
entre trescientos y cuatrocientos soldados tomaban posiciones de ataque, las
sedes consulares sin pérdida de tiempo izaron sus banderas, mujeres y niños
corrían hacia los cerros. Desde sus botes los estadounidenses hacían más de un
disparo al aire y amenazaban con desembarcar, pero sabían que les era imposible
y se conformaron con burlarse de los preparativos de guerra de los mexicanos.
Las
autoridades de Mazatlán sabían que el ejército invasor pronto pisaría el suelo
mazatleco, por lo que los archivos y documentos importantes fueron enviados a
la ciudad de Rosario. Luego de tomar San José del Cabo, la pequeña flota
estadounidense se dirigió hacia Mazatlán. Si bien la península había sido presa
fácil para el ejército invasor, existía el temor a los patriotas que mediante
guerrillas osaban atacarlos. De ahí que para resguardo decidieran dejar en San
José un batallón de cuatro oficiales y veinticinco soldados al mando del teniente
Heywood.
Contrario
a lo planeado, tan sólo tres barcos habrían de tomar el puerto sinaloense: las
fragatas Independence y Congress, y la balandra Cyane. Los demás buques estaban
ocupados tomando posesión de California. No obstante, al llegar a Mazatlán
encontraron al Erie anclado en las cercanías de la isla del Crestón, navío que
sólo estaba destinado al transporte de pertrechos.
La
tarde del diez de noviembre los tres barcos se alinearon en la isla de Venados.
Luego avanzó la fragata Independence y se colocó con un costado hacia la playa
Olas Altas; la fragata Congress hizo lo mismo frente a la sección antigua de la
ciudad, vigilando el camino que iba de Mazatlán hacia el norte; en tanto que la
balandra Cyane se apostó vigilando la bahía del Fondeadero, muy cerca del
edificio de la Aduana. Los barcos de guerra estaban ya en posición de ataque y
sus hombres dispuestos a empezar el bombardeo de la ciudad.
El
once de noviembre de la Independence bajó el grupo encargado de llevar a las
autoridades mazatlecas el parte de guerra y solicitud de entrega del puerto; el
capitán Elie La Vallette, Henry Walleck, el teniente Henry Lewis y el
secretario de Shubrick, Henry La Reintrei, quien serviría de traductor.
En
tierra, el grupo encontró que el comandante militar de Mazatlán, coronel Rafael
Téllez, había abandonado el puerto, mas fueron recibidos por dos miembros de la
Junta y dos oficiales del Ejército Mejicano, quienes los guiaron a la casa del
presidente de la Junta, José María Vasavilbazo. Éste informó a los invasores
que dicha Junta no tenía voto en las deliberaciones de los militares y que no
sabía nada de sus resoluciones respecto a la invasión. Entonces, las
capitulaciones fueron enviadas por correo al coronel Rafael Téllez, quien se
encontraba en el cuartel de Palos Prietos, unos cuantos kilómetros al norte de
Mazatlán. Según versiones del ejército invasor, cuando Téllez recibió los
documentos, en voz alta los leyó a su tropa, luego los destrozó enojado y los
pisoteó.
Mas
Shubrick y sus hombres no esperaron respuesta alguna del coronel Téllez y sus
tropas. Ya veintinueve botes habían sido bajados y colocados alrededor de la
Independence, y entre las doce y una de la tarde de ese mismo días, fueron
hacía tierra llevando setecientos treinta oficiales, soldados y marines al
mando de La Vallette y Halleck. Las lanchas pasaron entre la isla de Crestón y
tierra firme hasta llegar al rompeolas. En la playa un nutrido grupo de
mazatlecos disgustados miraba la forma en que los invasores desembarcaban y
descargaban sus lanchas. Una gran multitud veía desde los techos de las casas a
los soldados extranjeros avanzar por las calles de Mazatlán, con una banda
tocando, hasta llegar al cuartel. A la 1:10 la bandera estadounidense fue izada
en suelo mazatleco y veintiún cañonazos fueron disparados desde esa misma
fragata.
El
trece de noviembre la Junta mazatleca no tuvo otra opción sino firmar las
capitulaciones y Shubrick nombró a La Vallette como gobernador de Mazatlán y a
Halleck como teniente gobernador. Aunque los invasores permitieron que las
actividades del puerto se desarrollaran en forma rutinaria, impusieron un
tributo y castigos severos a quienes se opusieran a la invasión, así como
prohibieron la venta de alcohol a las tropas invasoras
El
catorce de noviembre el Coronel Téllez movió sus setecientos hombres hacia las
cercanías de Mazatlán y con el propósito de cortar las comunicaciones con la
ciudad de México, envió a Urías a ciento cincuenta de ellos, al mando del suizo
Carlos Horn. Al enterarse de esto, La Vallette envió hacia Urías a sus hombres.
Por tierra iban noventa y cuatro en tanto que sesenta y dos más se desplazaron
por el estero en botes. La mañana siguiente, veinte de noviembre, ambos grupos
atacaron Urías e hicieron huir a los mejicanos. El ejército invasor reportó un
saldo de cuatro mejicanos muertos y veinte heridos, así como un estadounidense
muerto y veinte heridos leves.
A
finales de diciembre de mil ochocientos cuarenta y siete La Vallette tuvo
noticias de que las fuerzas del Coronel Téllez se reorganizaban en Palos
Prietos, por lo que envió dos batallones a combatir a los mejicanos. Luego de
una escaramuza en la que resultó un soldado herido, el ejército invasor hizo
huir a los mejicanos.
A
decir verdad el bloqueo al puerto de Mazatlán nunca fue total, ya que los
buques de guerra utilizados tenían que desplazarse entre los diversos puertos
del Pacífico mejicano; constantemente iban y venían entre San Blas, Mazatlán,
Guaymas, La Paz, San José.
Las
armas del teniente de la tripa. Dos anécdotas.
1.-
Ya era el día en que habría de celebrarse el baile anual de los
carniceros de la localidad, pero Rita, la virreina de la fiesta, aún no tenía
su chambelán. Nada importaba que el ejército estadounidense estuviese
posesionado del puerto, la tradición debía continuar por lo que esa mañana la
joven mazatleca y sus amigas llegaron hasta donde se encontraba el teniente
Wise para invitarlo al baile que se celebraría esa noche en las marismas. Él aceptó
de inmediato. Y por ser ella la virreina del baile de los carniceros, dio a
su chambelán el nombramiento de
“Teniente de la Tripa”. Sin saber el significado de tal expresión, el militar
lo aceptó de buen gusto. Y esa noche allá fue “el teniente de la tripa”, tras
el amor de Rita, a parar a las marismas de las orillas de aquel Mazatlán en
donde encontró una especie de templete en el medio del arenal, rodeado de
numerosos puestos con luces y música. Sin embargo, el ambiente no era
precisamente seguro razón por la que, por mera precaución, el militar invasor
desaseguró su espada de la funda previendo que podría darse el caso de
necesitarla. Rita y él caminaban entre los léperos y sus novias que bebían
mientras bailaban al ritmo de un jarabe. De repente, en menos de un segundo
alguien sustrajo la espada de la funda. Ni la virreina mazatleca ni su teniente
de la tripa pudieron ver quién se había robado el arma. De inmediato se inició
la búsqueda... pero fue en vano. Rita
lloraba y suplicaba regresaran la espada a su chambelán pero fue inútil. En
protesta la virreina abandonó el baile y fue rumbo a su casa acompañada de su
chambelán.
2.- Mas no fue esa la primera vez que
el teniente Wise fue víctima de robo en Mazatlán. Una noche en un apartamento,
antes de dormirse, colocó sus dos pistolas y ropa en una mesa de centro y dejó
la ventana abierta; convencido de que el enrejado de ésta era bastante para
dormir con toda seguridad. La mañana siguiente encontró un gancho sujeto a un
palo largo con el cual alguien había extraído las armas y ropa.
El desalojo.
Para
el primer día del mes de marzo de mil ochocientos cuarenta y ocho llegaron
rumores a Mazatlán de que el fin de la guerra se acercaba y que ambos países
firmarían un tratado de paz. No fue sino hasta el día treinta de ese mismo mes
cuando apareció en el puerto la notificación oficial del armisticio.
Con
el objetivo de realizar los preparativos para la devolución del puerto y salida
de las tropas estadounidenses, el teniente Wise y unos cuantos soldados más
fueron enviados con una bandera blanca a Presidio de Mazatlán a donde llegaron
por la tarde y fueron hospedados en la casa del comisario general, Isidro
Beruben. La mañana siguiente los estadounidenses desayunaron en la casa de don
Isidro junto con una treintena de militares mejicanos, entre los que se
encontraba el general Pablo Anaya. Ahí convinieron en la forma en que Mazatlán
sería devuelto a los mexicanos.
El
diecisiete de junio los mazatlecos vieron primero a los marineros
estadounidenses abandonar el puerto y abordar sus barcos. Esa tarde llegaron de
Presidio de Mazatlán el general Negrete, designado por el general Pablo Anaya
para recibir la ciudad, unos cuantos oficiales, y un escuadrón de caballería.
Ahí les esperaban los infantes de marina estadounidenses. Los tambores
resonaban mientras ambos bandos presentaban armas. Luego la bandera
estadounidense fue arriada y la mejicana izada.
Los
últimos soldados estadounidenses abordaron sus barcos. Después vinieron los disparos desde éstos y
desde el fuerte en tierra. Mazatlán era de nueva cuenta de los mazatlecos y de
los mexicanos en general.
martes, 14 de junio de 2016
Los libros de Antonio Lerma Garay
Mazatlán
Decimonónico. Edición del autor. Sacramento. 2005. AGOTADO.
Sinopsis.
Mezcla de Historia y anécdotas de Mazatlán durante el siglo XIX. Contiene
capítulos relativos a las invasiones francesa y estadounidense, así como ataques
de buques de guerra británicos.
El General
Traicionado. Vida y Obra de Plácido Vega Daza. Mazatlán Decimonónico II. Creativos
7 Editorial. Culiacán. 2010. El libro fue editado por la Comisión Estatal para la Conmemoración del
Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, presidida por
el maestro José Ángel Pescador Osuna.
Sinopsis.
Vida y obra del general Plácido Vega Daza, quien fue gobernador del estado de
Sinaloa en plena Guerra de Reforma y durante parte de la Intervención Francesa.
El presidente Benito Juárez lo comisionó para que fuera a comprar armas a
Estados Unidos.
El libro desmiente las versiones de Eustaquio
Buelna quien afirma que Vega Daza no compró las armas y que se gastó el dinero en
otras cosas.
Érase Una
Vez en Mazatlán. Mazatlán Decimonónico III. Creativos 7 Editorial. Culiacán.
2010. El libro fue editado por la Comisión
Estatal para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y
Centenario de la Revolución, presidida por el maestro José Ángel Pescador
Osuna.
Sinopsis.
La más variada colección de anécdotas y
hechos curiosos sucedidos en Mazatlán durante el siglo XIX y parte del siglo
XX, tales como la llegada del tren, del primer automóvil proveniente de Estados
Unidos, cuándo comenzó a brillar el faro, la muerte de Ramón Corona, etcétera.
El Vuelo del
Curtiss Sobre Mazatlán, coautor en
La Revolución Mexicana en Mazatlán. Universidad Autónoma de Sinaloa. Culiacán. 2010.
Sinopsis.
Un breve capítulo que describe Mazatlán durante un período de la Revolución
Mexicana. Da noticias sobre el bombardeo aéreo, la base naval internacional que
se estacionó en aguas mazatlecas, y otros detalles más.
El Puerto de
Mazatlán. Bastión Estratégico en el Noroeste Mexicano. Siglos XVI-XVII, coautoría
con la doctora María Luisa Rodríguez Sala. Universidad Autónoma de Sinaloa. Culiacán. PRÓXIMA EDICIÓN.
Sinopsis.
Dividido en dos secciones, el libro establece el papel que jugó el puerto de
Mazatlán en el desarrollo del comercio regional en el período señalado. La segunda parte da nuevas luces sobre los soldados pardos que
resguardaron el puerto desde el siglo XVII hasta los inicios del siglo XIX.
La Familia
Machado de Mazatlán, coautoría con la doctora María Luisa Rodríguez Sala y la Licenciada en Restauración Sarahí Tirado
Osuna. PRÓXIMA EDICIÓN.
Sinopsis.
Los tres autores rastrean la vida de Juan Nepomuceno Machado y hermanos, y
concluyen que debido a sus actividades comerciales, fue él quien dio impulso al
naciente Mazatlán. La obra comienza con un recorrido en el tiempo sobre
Mazatlán, precisando sus períodos político-administrativos.
La
Intervención Francesa en Mazatlán. Universidad
Autónoma de Sinaloa. Culiacán. PRÓXIMA
EDICIÓN
Sinopsis.
Cómo, cuándo y qué sucedió en Mazatlán durante dicha invasión. Cuánto duró
ésta. El papel de los principales héroes y mucho más.
Breve Historia de los Ataques de Buques de Guerra Británicos a Mazatlán en el Siglo XIX. Universidad Autónoma de Sinaloa. Culiacán. PRÓXIMA EDICIÓN
Sinopsis. En varias ocasiones los buques de guerra Británicos bloquearon el puerto de Mazatlán, e intentaron bombardearlo y desembarcar tropas cuando tenían conflictos con las autoridades locales. No obstante, uno de esos barcos de guerra defendió a Mazatlán del ataque de otro de Francia. Cuándo, cómo y por qué se dieron estos incidentes.
Los libros que son de mi autoría solo, están a la venta en
formato E Book en la siguiente dirección:
lunes, 13 de junio de 2016
Dan Showalter Muere en Villa Unión
Los duelos a balazos que se
realizaban en el siglo XIX, y antes y después, tenían sus reglas y todo
duelista, como buen caballero, debía obedecerlas. Dan Showalter y Piercy habían
acordado batirse en duelo en un lugar de San Rafael, al norte de San Francisco,
California, a las once horas del día 24
de mayo de 1861. Sin embargo, el duelo se vio frustrado cuando el sheriff se
hizo presente y arrestó a Showalter, mientras que el otro se escondió entre los
árboles. Pero aquél permaneció detenido
sólo un rato ya que no hubo quien presentara cargos ni se pudo probar el pacto
duelista.
De inmediato el recién
liberado fue hasta donde debía efectuarse el encuentro. Ahí los asistentes de
ambos, tres por cada uno, incluido un médico, los instaron a llegar a un
arreglo amistoso pero no fue posible. Entonces todos comieron en una casa de Fairfax. Ahí Sholwalter dictó su testamento previendo
que no sobreviviría e instruyó a sus amigos todo lo relativo a sus exequias. Luego
fueron al campo, donde se realizaría el combate. Los jueces dieron a conocer de nueva cuenta
las reglas a los duelistas: tomar su rifle, que previamente había sido acordado;
darse la espalda y cuando el juez lo ordenara caminar 20 yardas, dar media vuelta para quedar frente a frente; apuntar al contrincante con el rifle en
posición horizontal u oblicua; entonces el juez diría “Fuego: uno, dos, tres.
Alto” Los protagonistas podían disparar en cualquier momento entre las palabras “uno”
y “tres”. Además de duelistas, médicos y los otros dos asistentes, el grupo
incluía a los amigos de ambas partes. Casi eran las cuatro treinta de la tarde
cuando llegó el momento esperado, el juez pronunció “Uno…” apenas iba a decir “dos”
cuando ambas partes dispararon sus rifles, pero nadie salió herido. “Carguemos
las armas de nuevo” dijo Showalter; y así fue. Vino una segunda ronda y justo
cuando el juez apenas comenzaba a decir “dos” una bala de rifle entró en la
boca de Piercy para salirle por la parte trasera del cuello. Su cabeza dio un
giro, luego su cuerpo cayó. El hombre
quiso levantarse, pero no pudo. El ganador pidió a ambos doctores asistieran al
herido, pero nada pudieron hacer, el derrotado murió un par de minutos
después. Pero ambos se consideraban
caballeros, y al verlo muerto, el duelista sobreviviente dio un discurso en
honor del recién muerto.
Aún así, en duelo, la muerte
de Piercy no dejaba de ser delito, y fue por ello que Showalter desapareció por
una temporada.
El 8 de noviembre de 1865
abrió sus puertas en Villa Unión el hotel Ox Hide and Tail House, propiedad de
la compañía Showalter, Greathouse and Co.
Con Mazatlán en posesión de los franceses, Ramón Corona y sus hombres a menudo se hospedaban
en esta nueva casa de alojamiento. En realidad los propietarios de este negocio
eran Dan Showalter y otro hombre de apellido Beans.
Showalter había actuado como
todo un caballero en el duelo que
sostuvo contra Piercy, cierto, pero no siempre actuaba como uno de verdad. En enero de 1866, mientras Beans se encontraba ausente, el hombre estuvo tomando alcohol por varios días y en un arranque comenzó a
destruir el bar del hotel. Al ver esto, el cantinero lo regañó ya que, le dijo,
no tenía derecho a destruir la propiedad de su socio. Showalter, molesto, le
dijo “Por Dios, yo soy un caballero. Señor”. Pues usted no actúa como tal, le
respondió el cantinero.
Pero Showalter, tras días de
estar bebiendo alcohol, ya estaba más que borracho por lo que, sin pensarlo,
sacó una daga y sólo para provocarlo con el costado de la hoja le dio en plena
cara al otro. La pelea había comenzado y el provocador no había medido las
consecuencias. En realidad el cantinero tenía una pistola y no dudó darle uso.
Al sentir el golpe de la daga, el cantinero sacó su arma y le disparó a
Showalter; la bala le entró por el codo y subió por el brazo hasta alojarse en
el hombro. Al verlo tirado, el cantinero estuvo a punto de rematarlo, pero los
parroquianos se lo impidieron.
El estadounidense tenía el brazo deshecho por completo, muy
pronto la herida se le infectó y contrajo tétano. Pocos días después, el 4 de febrero, falleció
de trismo. Su muerte fue muy comentada en California debido a que había sido
legislador de este estado y al duelo que había sostenido contra Piercy.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






