viernes, 5 de agosto de 2016

The Mazatlan Cosmopolitan


A las cuatro de la tarde del día 15 de noviembre de 1862 el vapor Oregon,  capitaneado por el señor Edgar Wakeman, zarpó de San Francisco, California, rumbo al puerto de Mazatlán, al cual arribó diez días más tarde, a las 2:20 de la mañana del 25 del mismo mes. Al día siguiente salió rumbo a La Paz y Guaymas para luego regresar al puerto sinaloense, donde se encontraba el buque de guerra inglés HMS Tribune  así como el navío mercante Mazatlan, de bandera danesa. Desde este punto, el 8 de diciembre  inició su retorno al puerto californiano llevando, entre otros pasajeros, a don Fernando Cortez, asistente personal del  gobernador Plácido Vega Daza; a la esposa del general  Emilio Lamberg, también allegado del gobernador sinaloense;  y al pintor Fortunato Arriola, quien viajaba en compañía de uno de sus hijos.

El vapor también transportaba diversas mercancías a comerciantes de San Francisco, así como los dos primeros números de uno  de los hebdomadarios más especiales que se editaran en el México del siglo XIX: The Mazatlan Cosmopolitan; El Cosmopolita de Mazatlán. El periódico aparecía los jueves y su contenido era tanto en idioma inglés como español, su editor era el estadounidense A. D. Jones, quien había laborado en San Francisco para el diario Daily Alta California. El señor Jones no podía haber escogido título más adecuado para este periódico  bilingüe: cosmopolita, que, entre otras acepciones, significa lugar en el que confluyen  personas de diversas naciones y costumbres. Y es que desde su nacimiento como villa, Mazatlán se distinguió por ser un punto donde convivían mexicanos venidos de apartados puntos del país, así como extranjeros provenientes de las ciudades anseáticas, de Francia, de Inglaterra, de China, de Estados Unidos y de otros países. En las calles de Mazatlán se hablaban cuatro idiomas; español, inglés, francés y alemán. De hecho así lo describió un corresponsal en la prensa de San Francisco: “Para quien ha vivido cualquier período de tiempo en el interior de México, Mazatlán aparece como que pertenece a otro país, probablemente esto se debe a la influencia extranjera ejercida en el puerto durante los últimos veinte años…

En su edición del día 4 de diciembre de 1862 el Cosmopolitan dio cuenta de la corrida de toros celebrada la tarde del domingo anterior, 30 de noviembre. Unas dos mil personas, muchas de ellas extranjeros, atestiguaron el toreo de ese día que comprendió cuatro o cinco de estos ungulados. También dio cuenta de la llegada de la fragata de guerra inglesa Tribune, de 23 cañones y una tripulación de 300 hombres comandados por Lord Bufford; el navío provenía de Callao, Perú. Desde Durango había arribado una conducta que traía un total de $ 157 500.00 para diversos comerciantes de la ciudad.

El día primero de enero de 1863 el semanario bilingüe dio la noticia de que el cónsul de Estados Unidos en Guaymas, W. L. Baker, y varias personas más habían sido masacrados al sur de dicho puerto por los indios Yaquis. Para el día 15 anunció que Sinaloa tenía un jefe del ejército, don Jesús García Morales. Y el día 29 del mismo mes el Cosmopolitan anunció que de Mazatlán la Brigada Sinaloa, compuesta de unos 2200 hombres, zarpaba a bordo de cinco barcos a enfrentar a los invasores franceses.

El día primero de febrero se publicó un número extraordinario del semanario. En este especial se notició el asesinato del joven estadounidense James Isaac Williams.

Ahora bien, quedan en el aire dos cosas de este semanario bilingüe. Uno, cuándo apareció el primer número; dos, si el señor Jones no era versado en el idioma de Cervantes, quién le auxiliaba en la sección en español. El Oregon arribó a San Francisco el día 18 de diciembre, habiendo zarpado de Mazatlán el día 8. Y consigo llevaba los dos primeros números del The Mazatlan Cosmopolitan. Uno de ellos del día jueves 4 de diciembre. Por ende, sacando cuentas, el primer número de este semanario debió haber aparecido el jueves  27 de noviembre de 1862. Y en lo que respecta a la mitad en nuestro idioma, fue el señor Miguel F.  Castro quien se encargaba de ella.


El señor A D Jones se dio cuenta que su experimento periodístico sí valía la pena, y  fue por ello que The Mazatlan Cosmopolitan tuvo una muy corta vida. El día 12 de mayo de 1863 apareció el primer número de The Mazatlan Times, que vino a sustituir al Cosmopolitan, con dos grandes diferencias:  éste no era bilingüe, sino que se editaba exclusivamente en idioma inglés; ergo, el nombre de don Miguel F. Castro ya no apareció en el Times, ya que no era él necesario para editar el nuevo hebdomadario.

miércoles, 27 de julio de 2016

El Fusilamiento de Coleman J. Smith


El día 31 de enero de 1863 al menos dos estadounidenses se encontraban hospedados en el Hotel Cosmopolitan de Mazatlán; uno de ellos era un joven de nombre James Isaac Williams, el otro era Coleman J. Smith,  un capitán y propietario de una goleta, quien había vivido en Alameda County, cuya principal ciudad es Oakland, California. Ya oscurecía cuando el primero de ellos se retiró a su habitación, se desvistió y  se acostó. Sin embargo, alrededor de las nueve de la noche otro hombre pasó por el cuarto en que se hospedaba Williams y notó que sangraba del cuello. De inmediato él dio la voz de alarma. Al escucharlo varios hombres más corrieron hacia el cuarto del joven suicida y lo hallaron aún con vida. Sin embargo, el joven no podía hablar debido a que ya agonizaba. Al verlo así un hombre corrió en busca de un doctor, pero cuando éste llegó al hotel Isaac ya había perdido la vida.

En el cuarto se encontró una nota escrita a lápiz en un miserable trozo de papel, la cual decía: “Mi vida es una carga, y no culpo a nadie más que a mí. A nadie se culpe por este acto.  He sufrido todo el tiempo que pude soportar y vivir. Sepúltenme donde sea mejor.  J. Isaac Williams.

Todo indicaba que se trataba de un suicidio, aunque no aparecía el cuchillo que Williams debía haber utilizado para quitarse la vida. Fue por ello que los hombres iniciaron una búsqueda de dicha arma blanca y sólo encontraron un cuchillo de cocina común, pero que no había sido usado en el “suicidio” ya que no tenía rastros de sangre. Unos voluntarios entraron al baño y encontraron escondido en la taza un cuchillo de carnicero ensangrentado y que se veía recién afilado. Isaac no podía haberse suicidado en su cama y haber dejado el arma en el baño. Ahora había indicios de que no se trataba de un suicidio como quería hacer creer aquella nota, sino que alguien había matado al joven.

Por alguna rara razón alguien comenzó a sospechar del capitán Coleman  y se trasladaron al cuarto de éste. Ahí  encontraron una camisa blanca con rastros de sangre. En el patio también se encontró una chaqueta ensangrentada que, admitió  el sospechoso, era de su propiedad.

Ahí mismo la policía de Mazatlán arrestó al capitán bajo sospechas de que había sido él quien había asesinado al joven Williams. Las pertenencias del difunto fueron entregadas al cónsul de los Estados Unidos en el puerto.

El capitán de la  goleta tenía en realidad una mala reputación. En una ocasión en su barco  viajaba por el Golfo de California cuando uno de sus marineros le exigió le pagara los días trabajados. Smith no se amilanó y conminó al trabajador a dejar de molestarlo. Luego, al pasar cerca de una isla acercó el barco a ésta y bajó a tierra junto con quien osaba exigir su  dinero. El capitán del barco regresó solo a éste. Tiempo después el cuerpo del infortunado fue encontrado en la misma isla; había sido asesinado con un arma de fuego. También se supo que Coleman había sido involucrado en tres homicidios más, los cuales habían tenido como fin despojar de su dinero a los asesinados.  Con la ropa ensangrentada propiedad del capitán y con estos antecedentes la policía tenía  sobradas razones para el arresto.

En la época en que sucedió el homicidio del joven Williams los juicios eran sumarios verbales, muy  rápidos. El asesinato en cuestión sucedió el día 31 de enero y un par de semanas  después el hombre fue sentenciado a morir fusilado. El juez fijó las doce horas del día 22 de febrero; el fusilamiento tendría lugar precisamente en el traspatio del hotel donde se había cometido el asesinato. Pero  el caso no paró ahí ya que Coleman apeló la sentencia.  A pesar de esto, el Tribunal  Superior confirmó la sentencia.

Coleman J. Smith pudo aplazar su muerte, pero no por mucho tiempo. La sentencia definitiva lo condenó a morir fusilado el día 15 de marzo. Y llegado el momento, el hombre fue llevado al paredón donde uno de los soldados intentó vendarle los ojos, pero el hombre lo rechazó. Además pidió ser él quien diera la orden al pelotón. Ambos deseos le fueron concedidos.  Sin vendas en los ojos, sin mostrar miedo ni arrepentimiento, él hombre dio la orden al pelotón para que le dispararan. Fue así como, atestiguado por un elevado número de mazatlecos curiosos, Coleman fue ejecutado por haber asesinado al joven James Isaac Williams.


sábado, 23 de julio de 2016

Carlos Karam Quiñones, director del INAPI Sinaloa, cuestionado.

Esta nota fue tomada de: Noroeste. Culiacán. 13 de julio de 2016. P. 2 Local, Palabra de Lector.

¡Vivan  la transparencia y la Innovación!

El INAPI y su  Convocatoria; un verdadero traspié
Antonio Lerma Garay


El 14 de marzo de este año el Instituto de Apoyo a la Investigación e Innovación, dirigido por Carlos Karam Quiñones, lanzó la Convocatoria para Denominar con el Nombre de Un(a) Sinaloense Distinguido(a) al Premio a la Mejor Tesis de Posgrado,  cuyo proceso se ha visto controvertido debido a las inconsistencias en que se ha incurrido por parte del propio INAPI. Leí con atención la carta aparecida en el diario Noroeste del día 13 de julio de este año, signada por la doctora Dina Beltrán López, en la que cuestiona el procedimiento seguido para designar el nombre de la Mejor Tesis de Posgrado, como lo propone este instituto.

Basta con leer la primera línea de la convocatoria para  darse cuenta de una serie de errores en la redacción, que la hacen ver que quien o quienes la redactaron conocen poco el idioma español. El texto puede ser leído en la página oficial del INAPI.  Desde el primer renglón se puede ver que el convocante confunde el género gramatical con el sexo de las personas; algo que puso de moda el señor Vicente Fox Quezada basado, tengo entendido, en su concepto de equidad de género. Este desdoblamiento léxico (ciudadanos –as–) al que constantemente recurre el INAPI en su convocatoria no habla bien de quienes intervinieron en su redacción; si les era tan imprescindible recalcar que se incluye a hombres y mujeres, en vez de ciudadanos(as) pudieron utilizar la palabra ciudadanía. Pero aún hay más, resulta que al convocar a ciudadanos y ciudadanas, el INAPI excluye a un gran porcentaje de la población ya que el artículo 34 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que “Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos: I. Haber cumplido 18 años, y II. Tener un modo honesto de vivir.” Es decir, la convocatoria en cuestión excluye a todos los jóvenes que son menores de edad, muchos de ellos  estudiantes de preparatoria y secundaria.

Ya en las bases del  documento que inicia el proceso que la doctora Dina cuestiona, en el apartado I Objetivos, se señala: “Denominar al Premio a la Mejor Tesis de Posgrado a la memoria de un(a) distinguido(a) sinaloense de excepción, con aportaciones de gran relevancia para la cultura, la ciencia y la formación de recursos humanos.” Sin embargo, en el apartado 1 de Propuestas se establece: “Los(as) participantes deberán proponer a la memoria de un(a) sinaloense destacado(a) en el ámbito científico y tecnológico, su nombre para complementar la denominación actual que lleva el Premio a la Mejor Tesis de Posgrado.” En este nuevo párrafo se excluye a sinaloenses ejemplares en el campo de la formación de recursos humanos y en la cultura; no obstante, se agrega para quedar únicamente a aquellos sinaloenses que han destacado en el “ámbito científico y tecnológico” Es decir, el apartado 1 de propuestas, contradice parcialmente al apartado I de objetivos, ambos de la misma convocatoria.

Pero este tipo de errores no es nuevo en el INAPI. El artículo séptimo del Código de Ética del INAPI, signado por Karam Quiñones el año 2014, se plasmó de esta manera: Para efectos del presente código se entenderá por I. Instituto de Apoyo a la Investigación e Innovación. Es obvio que lo que se pretendió aclarar en dicho precepto es que a lo largo de dicho código al decir “instituto” debe entenderse  “Instituto de Apoyo a la Investigación e Innovación” pero al no hacerse esa aclaración en el artículo séptimo y dado que de ahí en adelante se alude al INAPI (no se refiere a éste ya que no existe esa aclaración preceptual) simplemente como “instituto”, lo que conlleva una serie de imprecisiones en muchos de sus 40 artículos.

Pero, cómo saber si el sinaloense propuesto es o ha sido distinguido. El propio INAPI puso como regla en el apartado II, Propuestas, 6, que para llegar a esta convicción los concursantes deben investigar y desarrollar una semblanza del personaje propuesto. Aquí de nueva cuenta, me parece a todas luces, existe una contradicción en la redacción de esta convocatoria ya que según el diccionario de la lengua española de la Real Academia,  una semblanza es un bosquejo biográfico, lo cual significa una traza primera de cualquier obra intelectual o artística, o una idea vaga y preliminar de algo. No obstante las anteriores definiciones, el INAPI determina que esa semblanza debe tener hasta tres cuartillas de extensión. ¿Puede una semblanza extenderse hasta las tres cuartillas sin dejar de ser eso, una semblanza? Checando miles de biografías en las enciclopedias puede uno darse cuenta de que la gran mayoría de ellas apenas abarcan de una a dos  hojas.

El INAPI nos muestra en su sitio web que en la terna de finalistas de sinaloenses distinguidos se encuentran sólo tres;  el jurista Raúl Cervantes Ahumada, Eustaquio Buelna Pérez y don Juan de Dios Bátiz.  Pero aún así, le concedo la razón a la doctora Dina Beltrán cuando nos dice que lo que ahí se nos muestran son textos tomados de internet, y no como establece la regla 6 de Propuestas del apartado II de la convocatoria, que a la letra dice: “6. La semblanza deberá constar de un texto de tres cuartillas como máximo, y debe ser desarrollada a través de un proceso de investigación y/o argumentación por parte del(a) o los(as) integrante(s) de la propuesta.

¿Esto es innovación, esto es transparencia? La verdad es que dista mucho de ser cualquiera de ellas.

El Colegio de Sinaloa tiene la beca Raúl Cervantes Ahumada en Ciencias Sociales y Humanidades; el nombre de Buelna satura los eventos y actividades culturales a lo largo y ancho del estado; para que figure el nombre de Juan de Dios Bátiz, ¿se tomó en cuenta su marcada xenofobia? Porque no hay que olvidar su papel en la expulsión de los ciudadanos chinos de Sinaloa.

 Y es aquí donde yo me atrevo a preguntar ¿De verdad en Sinaloa sólo estos tres personajes son ejemplares o distinguidos?


Espero que el INAPI, a través de su director Carlos Karam Quiñones, desista de este traspié  y cancele esta Convocatoria para Denominar con el Nombre de Un(a) Sinaloense Distinguido(a) al Premio a la Mejor Tesis de Posgrado,  debido a todas las irregularidades que ha habido en el proceso de selección ésta.


De no ser así, queda a los interesados recurrir a la justicia administrativa para revocar el resultado que pudiera derivarse el cual sería, a todas luces ilegal.  De ser necesario los interesados pueden llevar el asunto hasta sus últimas instancias, ante la justicia federal.

domingo, 17 de julio de 2016

Después de la Tormenta


Marga López en El Hijo Desobediente


Tin Tan y su compañero Marcelo  bebían  alcohol, se emborrachaban en un cabaret de la Ciudad de México. Los efectos de las bebidas ya eran visibles en ambos, la voz del primero trastabillaba, el segundo apenas atinaba a responder. La mesera que les atendía los miraba con gran impaciencia. Ella era joven, de unos veinte años de edad; bella, alta y delgada, de gran cabellera negra. Con impaciencia, con una voz típica de chilango les reclamó  que la tenían ahí parada pero que no ordenaban nada.  Se trata ésta de una escena de la película El Hijo Desobediente, 1945, dirigida por Humberto Gómez Landero y estelarizada por este par de comediantes. En el último de los créditos actorales se puede leer el nombre de una mujer que en este film hizo su debut y  que aparece sólo por unos breves segundos. Ella es la impaciente mesera que atiende a aquel par de borrachos en el tugurio: se trata de doña Marga López.

Marga López nació en Tucumán, Argentina, y murió en la Ciudad de México el año 2005, tras una larga  y exitosa carrera  como actriz. Tele visa nos acostumbró a su imagen y voz gracias a las innumerables ocasiones en que transmitió las películas Los Tres García,  Vuelven los García y Un Rincón Cerca del Cielo;  en las dos primeras actuando  como Lupita, o Lupita Smith, y como Margarita en la última. Para el año 1959 ya había participado en 52 películas y fue entonces cuando su belleza y dotes histriónicos llamaron la atención de Luis Buñuel, con quien trabajó como Beatriz en el filme Nazarín, 1959, el cual de vez en cuando se asomaba en la programación cultural del citado grupo televisivo.  

Pero cuatro años antes de la filmación de Nazarín, en 1955, Marga López actuó en dos películas que por su tema nunca fueron transmitidas por la televisión abierta de México. La primera fue Después de la Tormenta, la otra De Carne Somos. En ésta Marga López  da vida a Linda, una mujer muy  liberal que para sostener a su hombre, Mario Vidal interpretado por Carlos Rivas, quien aspira a ser un gran escritor, no duda en rentar su cuerpo por las calles oscuras de la ciudad de México.

En Después de la Tormenta, Marga López interpreta el papel de Rosa Rivero, una abnegada mujer que sólo vive para su esposo Melchor, interpretado por Ramón Gay. La historia se desarrolla en la diminuta Isla de Lobos, en la costa norte del estado de Veracruz. Melchor es el guarda faro en la pequeña isla, y con él y su esposa viven  su gemelo  Rafael con su esposa María, Lilia Prado, y Pepito, el hijo de éstos.


Melchor y Rafael, interpretados ambos por Ramón Gay,  son físicamente idénticos. María es mucho más joven que Rosa, además es bella y sensual. Pero ésta  es incapaz de ocultar los deseos que siente por su cuñado Melchor, y esto él lo sabe.  Pero  Rosa también está consciente de esta situación, y es por ello que ha conminado a su hombre a dejar la isla e irse a vivir a otro lugar

Un día los hermanos salen en su canoa a bucear lejos de Isla de Lobos para extraer perlas y ya por la tarde son sorprendidos por un norte que voltea su pequeña embarcación. En tierra, esa noche se hace interminable para las dos concuñas  ante la incertidumbre del destino  de sus hombres. La mañana siguiente llega una lancha con noticias de los gemelos: la tarde anterior su embarcación fue hundida por las violentas olas  pero uno de ellos fue rescatado por otra canoa; del otro hombre nada se sabe.  Ambas mujeres se preguntan quién será el sobreviviente ¿Melchor o Rafael?

Más tarde se ve que se aproxima una lancha que trae al ex náufrago a quien de inmediato Rosa reconoce como su esposo Melchor. Sin embargo, el hombre dice ser Rafael, el esposo de María. Tanto Rosa como María y aun Pepito se ven confusos. Rosa no puede creer que el hombre no sea el suyo, Melchor. Pero María es joven, atractiva y lujuriosa, además ella desea al gemelo de su esposo, y a él ésta no le era  indiferente, así que esa noche la supuesta viuda a través de una ventana cerrada ve las sombras de su concuña  y el sobreviviente haciendo el amor desenfrenadamente.

Poco después se acerca a la isla un barco de pesca a borde del cual viene el verdadero Rafael quien había sido rescatado de las aguas por la tripulación del buque. En cuanto Rosa se da cuenta de quién se trata, para evitar que su cuñado se entere de la situación,  corre a avisarles a María y Melchor quienes se encuentran en su nido de amor.  A pesar de que entre los tres, Melchor, María y ella, esconden lo sucedido entre éste y su cuñada, Pepito se encarga de proporcionar datos a Rafael  haciendo que el hombre se entere del amorío que ha habido entre su mujer y su hermano  gemelo.  Por su parte la abnegada Rosa es capaz de perdonar el engaño y el desliz de su esposo, pero…

Marga López y José Luis Jiménez, actor de reparto,  fueron nominados para recibir el Ariel de Plata del año 1956, mientras que el niño, Pepito Romay fue nominado y lo obtuvo al igual que Manuel Topete, por el sonido de la película.


Pero la calidad de Después de la tormenta traspasó las fronteras nacionales y su director, Roberto Gavaldón, fue nominado para recibir el León de Oro como mejor director  en el Festival de Cine de Venecia del año 1955. 

domingo, 3 de julio de 2016

El Misterioso Cuadro de Fortunato Arriola



A las ocho de la mañana del 3 de septiembre de 1864 fue inaugurada la Cuarta Feria Industrial de Mecánicos de San Francisco, para la cual se erigió un gran pabellón en Union Square, entre  las calles Stockton y Powell. La feria exhibía miles de artículos de las diversas ramas de la  industria: minerales, vegetales, madera, carbón, asfalto, petróleo, además de una gran variedad de productos  y maquinaria; vinos, frutas, madera, muebles, gabinetes, bombas de agua, etcétera. Había más de 500 personas y compañías presentando al  público sus productos. Debido al elevado número de productos en  exhibición, esta feria fue considerada como la más extensa jamás hecha en todo el estado de California.  

Pero esta exposición  también tuvo una galería de arte con un elevado número de pinturas al óleo hechas por los más prestigiados artistas locales. Al fondo de esta sección, como si sus obras no tuvieran mérito suficiente, se encontraban una pintura de tamaño natural de una señorita de Mazatlán, otro de una señorita de San Francisco y uno más, un autorretrato del autor de éstos.

Fortunato Arriola era el autor de estos tres cuadros. Él nació en la sierra sur de Sinaloa, en Cosalá, el año 1827. Su abuelo era un español que había sido enviado por el gobierno de su país a México en una misión político-diplomática. El hijo de éste, padre del pintor, había permanecido en México y supo aprovechar la situación de aquel entonces ya que adquirió ricas tierras y minas. Sin embargo, debido a las constantes turbulencias políticas así como las había adquirido, las había perdido. Fortunato sabía que al arte corría por sus venas  y quiso  ir a Europa a estudiar, pero su padre se lo impidió suplicándole no lo dejara solo. Fue así como aquel joven se hizo un artista autodidacta.

Sintiendo el llamado del arte, Fortunato en 1847 abandonó Cosalá y se fue a vivir al puerto, a Mazatlán, donde conoció a quien sería su esposa, la joven Guadalupe Arzápalo. Pero esta ciudad tampoco llenó sus expectativas y en 1857 viajó a San Francisco, California, dejando atrás a su esposa y siete hijos.  Ahí abrió su estudio en el número 235 de la calle Washington, esquina con Waverly, y a  partir del día 23 de enero de 1859, quizá antes, comenzó a publicitarse en el diario Alta California Daily de la siguiente manera: “Fortunato Arriola, Artista. Retratos al óleo hechos en vivo o a partir de daguerrotipos. Paisajes de la naturaleza y fotografías pintadas al óleo. Pinturas de niños en el estilo más satisfactorio.

En efecto, para sobrevivir, Arriola pintaba retratos, paisajes, banderillas con emblemas, y llevaba a cabo cualquier encargo de pintura que se le hiciera. Pero también daba clases de pintura. Toby Rosenthal, un prestigiado pintor de esa generación y quien fuera su alumno  le encontraba un parecido con el artista Diego Velázquez,  y sobre él escribió así: Fortunato era alto, de piel amarillenta, con grandes ojos color negro, de nariz casi griega, labios rojos, con barba y bigote negro.

En octubre de 1866 la galería Snow & Roos exhibía en su escaparate principal una nueva ´pintura, de la cual la prensa local escribió: “Notamos en el escaparate de los señores Snow & Roos un gran cuadro al óleo de “Helmet Rock y Punta Lobos”, de Arriola. La vista está tomada del lado sur de la entrada al Golden Gate, y la imagen tiene sus méritos, aunque  con algunos fuertes defectos de apariencia. La escena es invernal, las nubes espesas y oscuras, el agua corriendo pesadamente en la playa rocosa, y las colinas se visten en el brillante verdor  que sólo se ve en la localidad durante la estación de lluvias o inmediatamente después de ésta. En general, se calcula que el  cuadro suma no poco a la ya alta reputación del joven artista.” Las pinturas del señor Arriola ya eran consideradas como de buen gusto. Atrás había quedado aquella Feria Industrial de Mecánicos en la que la obra del cosalteco fue colocada en la parte posterior de la galería.

En diciembre de 1868 los artistas locales acordaron la creación de una Sociedad de Artistas, y Arriola no se quedó atrás; también suscribió el contrato de creación.  Y en la primera recepción que dio la Asociación de Arte de San Francisco, ya en 1871,  Arriola participó con 18 de sus obras.

En febrero de 1868 se inauguró una exhibición en la misma galería.  Y ahí estuvieron  dos obras de Arriola, ambas con  en el Istmo de Tehuantepec como objetivo central, la primera titulada Amanecer y la otra Ocaso, ambas en el citado istmo. El reportaje sobre esta exhibición ubicaba a Arriola como, al menos, un buen artista. Y fue por ello que el periodista fue hasta el estudio del artista y describió los cuadros que ahí encontró, en su mayoría paisajes de San Francisco y sus alrededores.

En 1862 Rosenthal, de familia judía proveniente de Prusia,  era un niño de doce años cuando se apareció en el estudio de Arriola, fascinado por los cuadros de éste, el pequeño miraba alrededor. Entonces le mostró al colsalteco un cuadro pintado por él; el hombre quedó prendido y le dijo al menor: “Te enseñaré todo lo que sé sin cobrarte, aunque no creo que te enseñaré mucho; tu estilo es superior al mío”. Y cuando ya no pudo enseñarle más, fue Fortunato a la casa de los padres de Toby y les dijo llanamente que él ya había hecho todo lo que podía hacer como maestro del joven, que sólo quedaba enviarlo a estudiar a Europa. Y así fue, los padres del muchacho de 17 años de edad habían estado ahorrando para cuando llegara ese momento; muy pronto él abordó un barco rumbo a Alemania. 

Pero  Fortunato no pudo olvidar que él también quería ir a Europa, a estudiar más y especializarse en su arte. Habrían de pasar dos lustros hasta que por fin pudo hacer realidad su sueño, y se fue él solo a Europa a estudiar, pero antes de hacerlo trajo a su esposa e hijos de regreso a Mazatlán.  El día 4 de agosto de 1870 se vendieron en una subasta varios de sus cuadros, y ahí hizo públicas sus intenciones de viajar a Europa en plan de estudios. El viaje incluiría Italia, Austria,  Turquía y, posiblemente, Francia y Prusia.

Y como suele suceder, Arriola también era un artista del hambre, y fue por ello que el 17 de septiembre de 1871 figuró en una lista nada placentera, aparecida en el Daily Alta California de San Francisco. Pero no sólo se trataba de él, el listado incluía a cientos de ciudadanos de San Francisco; el pintor adeudaba a la ciudad la cantidad de tres dólares con treinta y siete centavos.

Por fin, pues, Arriola viajó  a Europa,   pero al regresar el destino ya le aguardaba. Del viejo mundo hasta San Francisco el viaje incluía una escala obligada en Nueva York, ciudad en la que ya habían hecho aparición sus obras. Y el 10 de agosto de 1872 el pintor abordó el buque Bienville que tras incendiarse en el Atlántico se hundió el día 15 del mismo mes y año. Una persona vio al pintor aferrado a un  barril que flotaba en las aguas, su cara mostraba desesperación, pero a la vez tranquilidad. Las infalibles leyes de la  física permitieron a aquel barril flotar por un corto tiempo hasta que se hundió llevándose al fondo al artista Fortunato Arriola, aquel cosalteco ilustre.

Guadalupe Arzápalo y sus doce huérfanos guardaban en Mazatlán el retorno de Fortunato cuando se enteraron de  su prematura muerte. Al parecer ella no se acostumbró a la vida de Mazatlán y regresó junto a sus doce hijos a San Francisco, donde recibió la ayuda de los amigos y colegas de su finado esposo.

Los colegas de profesión del joven fallecido formaron un comité de ayuda a la viuda y sus hijos, donando sus propias obras para venderlas en una subasta pública que se realizó el 18 de noviembre de ese mismo año. Antes de ello el comité de ayuda para la familia de Arriola envió una carta al artista Alfred Bierstadt solicitándole donara una de sus obras para auxilio de la viuda y sus huérfanos. Pero este artista no quiso o no pudo donar una de sus pinturas y les envió un cheque por cincuenta dólares acompañado de una nota que decía: “Este es el único dibujo que tengo a la mano ahora, y me temo que no traerá más que las figuras insertas en la esquina. Podría, sin embargo, traer una suma mucho más grande. Podría ser que valga la pena enmarcarlo.” Petulancia o sinceridad, cómo saber de qué se trataba. El caso fue que su nombre no figuró en el comité de ayuda para la familia de Arriola.

También el  12 de abril de 1874 se realizó una subasta en una exhibición denominada Elaine, de todo lo que se donó ahí, ciento cuarenta y un dólares fueron para el fondo de ayuda para la familia de Fortunato Arriola.

Arriola era un paisajista tropical conocido también como “el luminista americano”, y muchas de sus obras se observaban paisajes de San Francisco y sus alrededores, así como de México. Pero también, para hacerse de más recursos económicos, pintaba retratos de quien lo requiriera. A las ocho quince de la mañana del día 11 de diciembre de 1868 murió la prestigiada actriz Helen Western, cuyas actuaciones incluían a Inglaterra, Irlanda, Escocia, Sudamérica y, por supuesto, su natal Estados Unidos. Pero ella pocos meses atrás lucía bella y feliz en  la Maguire’s Opera House de San Francisco. Presumía la joven no sólo su belleza natural sino también una pintura de ella, en tamaño natural, que recientemente había sido realizada por uno de los más prestigiados artistas de la localidad, don Fortunato Arriola.

Aún hoy día se conservan varias obras de Arriola en museos de Estados Unidos, y aun en la colección privada del comediante Steve Martin, quien sobre él, en una entrevista dijo: “Fortunato Arriola, un desconocido pero buen artista quien, a propósito, murió joven, ahogado en el mar”. Pero de todos los paisajes y retratos que pintó aquel joven cosalteco no hay uno sólo que llame tanto la atención como un óleo de 121 por 193 centímetros que lleva por título “Paisaje Tropical” del año 1870, inspirado quizá por sus orígenes sinaloenses, aunque se anuncia como paisaje de Panamá. Cuando Arriola realizó este cuadro se podían ver tres hombres vestidos como ricos  hacendados cabalgando sendos equinos; el primero es azabache, el del medio blancuzco y el último café. Los  caballos con sus jinetes encima comienzan a cruzar lo que parece ser una gran laguna, al fondo se ven unas montañas. Detrás de los hombres hay dos palmas de plátano, al fondo otros árboles, un alto cocotero y arbustos. Frente a ellos se aprecia el agua tranquila, y más allá un gran árbol que parece ser una ceiba con un gran número de arbustos a su pie.

Este cuadro  fue adquirido por el Museo de la ciudad de Oakland y puesto en exhibición permanente. Sin embargo, cuando fue puesto a la vista de los visitantes, esta pintura de don Fortunato Arriola ya no era la misma que en 1870.

Cocotero, palmas plataneras, ceiba y demás vegetación permanece igual; lo mismo sucede con el lago y las montañas. Pero aquellos tres hombres vestidos como hacendados han desaparecido. Y en su lugar han emergido un hombre sobre el primero de los caballos, enseguida se encuentra una mujer vestida de negro pero que no se ubica sobre ninguno de los ungulados, a su lado hay otra mujer que monta el equino albo y a su lado sobre el tercer animal otro hombre que con su sombrero en la mano derecha parece ventilarse mitigando el calor. Los cuatro personajes, indudablemente citadinos, no campiranos, van elegantemente vestidos, con ropa decimonónica. Es inocultable que en las caras de la primera pareja hay preocupación, angustia mientras que en la de la otra mujer hay dolor. El cuarto personaje parece dirigir palabras de consuelo a ésta. Además en el bridón del tercer equino se aprecia el escudo de los Estados Unidos.

Se han hecho estudios a este cuadro para entender qué o quién usurpó el pincel de Arriola. Sin embargo, hasta ahora nadie se explica cómo emergieron esos cambios  en el cuadro,  ni quién fue el autor de éstos.




jueves, 23 de junio de 2016

La Batalla de Palos Prietos

Era el once de septiembre de 1866 cuando los franceses se encontraban en posesión de la garita de Palos Prietos, a menos de un par de kilómetros al norte de la ciudad, mientras que Ramón Corona y sus hombres se encontraban en Villa Unión. Ni los franceses ni los imperialistas mexicanos esperaban que los juaristas los atacaran. Sin embargo, amparados por la oscuridad de la noche, Ramón Corona y unos cuatro mil de sus hombres avanzaban desde el presidio  hacia ese punto. Su misión era apoderarse de él. La guarnición de los franceses en el puerto se componía de unos dos mil soldados, quinientos de ellos hombres de Manuel Lozada. De todos ellos,  unos ciento ochenta soldados al mando del capitán Delatask defendían la garita.

Hacia las dos y media de la mañana del día 12 unos setecientos hombres al mando del coronel Jorge Granados y otro de apellido Martínez se colocaron hacia el sur de Palos Prietos, cortando el paso de posibles refuerzos que llegaran desde el puerto. Y a las tres de la mañana comenzó el combate, los juaristas atacaron a los imperialistas  por tres ángulos, norte, sur y oriente.  Su superioridad numérica era amplia, pero los franceses se defendían con todo lo que podían. Luego de tres intentos, los hombres de Granados lograron penetrar a los terrenos de la garita y se apoderaron de un polvorín y de un  cañón.

Sin embargo, Delatask arengó a sus hombres para que retomaran esta pieza, y en ese instante un grupo compuesto por un teniente de apellido Maire, al mando de cuarenta hombres,  se abalanzó a punta de bayoneta contra los mexicanos que retiraban la pieza de artillería arrastrándola. Les dieron alcance e intentaron retomar dicha arma, pero de inmediato recibieron balas que les llegaban de todos los ángulos, lo que los obligó a abandonar la misión. Pero Maire no se rindió y minutos después de nueva cuenta fue por el cañón, esta vez con sólo veinticinco hombres, y de nuevo llegó hasta donde estaba. Entonces Delatask le envió refuerzos y esta vez sí pudieron recuperar la pieza. Mientras tanto el ejército francés en la ciudad se preparó para enviar refuerzos hasta Palos Prietos, al mando de un comandante de apellido Robiero, pero cuando salieron muy cerca ya los esperaban los soldados mexicanos. Mientras avanzaban hacia la garita los imperialistas eran atacados por los republicanos, y aquéllos no dejaban de responder el fuego. Ya eran las cuatro de la mañana cuando los refuerzos llegaron hasta donde se encontraban Delatask y sus hombres. Poco después  salieron del puerto más  refuerzos, el Batallón de Cazadores de África y el de caballería. Sólo así los franceses pudieron contener a los juaristas y hasta pudieron replegarlos.

A las diez de la mañana el combate había terminado aunque en la distancia aún se escuchaban balazos. Los imperialistas habían defendido la garita y los juaristas no habían podido posesionarse de ella. Delatask, Maire, Robiero, Granados, Martínez y todos ellos se comportaron como los más fieros guerreros; cada quien defendiendo  su causa y los colores de su bandera.

No obstante, aún faltaba más. Esa misma mañana un número indeterminado de hombres pertenecientes al Batallón de Cazadores de África, montando sus finos caballos árabes, salió en persecución de los mexicanos que iban en retirada. En su carrera no se dieron cuenta que éstos les tendían una emboscada y sin remedio cayeron en ella. Muchos de esos cazadores y sus caballos cayeron víctimas de las balas de los hombres de Corona que les esperaban escondidos.  

La Batalla de Palos Prietos del día 12 de septiembre de 1866 fue la más cruenta de las que tuvieron lugar en Sinaloa durante la Intervención Francesa. En cuanto a número de caídos ni siquiera la Batalla de Villa Unión tiene comparación. En la que se efectuó en las afueras de Mazatlán los franceses tuvieron 150 caídos, entre muertos y heridos; por su parte los imperialistas mexicanos reportaron 300 muertos, mientras que en las filas de Ramón Corona hubo 250. También, sólo en las filas de Granados cayeron tres caballos y una mula, además de los caballos árabes en mención.


Desde media mañana del día 12, en Palos Prietos y sus alrededores el campo  era dantesco, aquello parecía el infierno. Los muertos sumaban más de seiscientos pero, peor aún, lo que hacía aún más espeluznante la escena fue que la gran mayoría de éstos  estaban mutilados y destrozados ya que habían muerto   a través de bayonetas, espadas y machetes.

domingo, 19 de junio de 2016

Un anuncio del HOTEL CENTRAL

The Oasis. Nogales. 12 de junio de 1912. P. 9

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La Invasión Estadounidense a Mazatlán



(Tomado de Mazatlán Decimonónico, de Antonio Lerma Garay)
Hacia el año mil ochocientos treinta Mazatlán no era sino un pueblo de indígenas pescadores en las cercanías del cerro de la Aduana. Diez años después se convirtió en el principal puerto del Pacífico mejicano y alcanzaba ya la suma de diez mil habitantes. De ahí que el gobierno de James K. Polk considerara como máxima prioridad el aseguramiento del puerto sinaloense en caso de una guerra contra la República Mejicana.
El dieciocho de noviembre de mil ochocientos cuarenta y cinco ancló en aguas mazatlecas el buque de guerra Savannah, al mando de John Drake Sloat. El buque saludó la bandera mejicana, que era izada en lo que hoy es el Cerro del Vigía, y el saludo fue respondido de acuerdo con los usos de la época. Sloat era el Comandante en Jefe del Escuadrón del Pacífico, el cual estaba integrado por los barcos: Savannah, de 54 cañones; Congress, de 60 cañones; las balandras Warren, Portsmouth, Cyane y Levant, de 24 cañones cada una; la goleta Shark de 12 cañones y el buque Erie.
Drake Sloat sabía que la guerra entre Estados Unidos y la República Mejicana era inminente, por lo que permaneció en Mazatlán por varios meses. Los vientos de guerra entre ambos países estaban presentes desde mucho antes: el veinte de octubre de mil ochocientos cuarenta y dos, creyendo que la guerra ya había comenzado, el comodoro Thomas C. Jones se posesionó de Monterey, Alta California, República Mejicana.
Sloat y sus hombres presenciaban la escuadra inglesa al mando del almirante George Seymour, a bordo del Collingwood, ir y venir entre Mazatlán, San Blas y California. Existían rumores de que la República Mejicana pagaría a Inglaterra su deuda cediéndole la Alta California o que los británicos se apoderarían del territorio por la fuerza.
El diecisiete de febrero de mil ochocientos cuarenta y seis, aún sin declaración de guerra alguna, el Portsmouth inició el bloqueo a Mazatlán. En marzo de ese mismo año excepto el Congress y el Cyane, todo el Escuadrón del Pacífico se encontraba en Mazatlán.
Fue el quince de mayo de mil ochocientos cuarenta y seis cuando la ambición del presidente estadounidense le llevó a firmar la declaración de guerra contra la República Mejicana. No obstante, ni los mazatlecos ni la flota estadounidense en el Pacífico tenían noticias sobre ello.
En aquel entonces, Mazatlán era punto neurálgico del correo. Muchas noticias llegaban a México a través de las naves que arribaban al puerto. En un viaje que duraba aproximadamente siete días a caballo, la correspondencia era llevada de aquí a lugares como Durango o Guadalajara; el camino inverso del correo era el mismo. Por esta razón, la guerra ya había estallado en el Golfo de México, aunque en el Pacífico Drake Sloat lo ignoraba.
No fue sino hasta el seis de junio de mil ochocientos cuarenta y seis cuando el futuro Comodoro recibió noticias de que la guerra había comenzado, por lo que se preparó a entrar en acción. El día siete de junio Drake Sloat no tomó y ocupó Mazatlán, sino que zarpó rumbo a la Alta California. Mucho más importante que posesionarse del puerto sinaloense, John Drake Sloat tenía otra tarea. Como Comandante en Jefe del Escuadrón del Pacífico, él había recibido instrucciones precisas de que al momento de tener noticias de que guerra había comenzado se posesionaría del territorio de California y lo reclamaría para Estados Unidos.  Fue así como un mes después, el siete de julio de mil ochocientos cuarenta y seis izó la bandera estadounidense en el edificio de Aduanas de Monterey. De ahí, el ejército estadounidense se apropió de la Baja California.
Entre el seis y siete de septiembre de mil ochocientos cuarenta y seis el buque de guerra estadounidense Warren llegó a Mazatlán y encontró anclado en el puerto la fragata de guerra mejicana Malek Adhel. Era éste un barco mercante que el gobierno mejicano había habilitado como fragata adicionándole varios cañones. Los estadounidenses bajaron una lancha del Warren y prácticamente se la robaron a los soldados mexicanos sin disparar un solo tiro. También durante el bloqueo los soldados estadounidenses se hicieron de una barcaza proveniente de La Paz del cual tomaron azúcar, frutas secas y papas.
El primero de mayo de mil ochocientos cuarenta y siete, de uno de los barcos estadounidenses bajaron dos botes de reconocimiento en busca de un punto donde amarrar el barco en caso de atacar. Sin embargo, los botes se acercaron demasiado a tierra y fueron descubiertos por los soldados mexicanos. Éstos de inmediato se aprestaron a repeler lo que parecía un inminente desembarco. Los tambores resonaban, la caballería mexicana galopaba incesante en la arena, entre trescientos y cuatrocientos soldados tomaban posiciones de ataque, las sedes consulares sin pérdida de tiempo izaron sus banderas, mujeres y niños corrían hacia los cerros. Desde sus botes los estadounidenses hacían más de un disparo al aire y amenazaban con desembarcar, pero sabían que les era imposible y se conformaron con burlarse de los preparativos de guerra de los mexicanos.
Las autoridades de Mazatlán sabían que el ejército invasor pronto pisaría el suelo mazatleco, por lo que los archivos y documentos importantes fueron enviados a la ciudad de Rosario. Luego de tomar San José del Cabo, la pequeña flota estadounidense se dirigió hacia Mazatlán. Si bien la península había sido presa fácil para el ejército invasor, existía el temor a los patriotas que mediante guerrillas osaban atacarlos. De ahí que para resguardo decidieran dejar en San José un batallón de cuatro oficiales y veinticinco soldados al mando del teniente Heywood.
Contrario a lo planeado, tan sólo tres barcos habrían de tomar el puerto sinaloense: las fragatas Independence y Congress, y la balandra Cyane. Los demás buques estaban ocupados tomando posesión de California. No obstante, al llegar a Mazatlán encontraron al Erie anclado en las cercanías de la isla del Crestón, navío que sólo estaba destinado al transporte de pertrechos.
La tarde del diez de noviembre los tres barcos se alinearon en la isla de Venados. Luego avanzó la fragata Independence y se colocó con un costado hacia la playa Olas Altas; la fragata Congress hizo lo mismo frente a la sección antigua de la ciudad, vigilando el camino que iba de Mazatlán hacia el norte; en tanto que la balandra Cyane se apostó vigilando la bahía del Fondeadero, muy cerca del edificio de la Aduana. Los barcos de guerra estaban ya en posición de ataque y sus hombres dispuestos a empezar el bombardeo de la ciudad.
El once de noviembre de la Independence bajó el grupo encargado de llevar a las autoridades mazatlecas el parte de guerra y solicitud de entrega del puerto; el capitán Elie La Vallette, Henry Walleck, el teniente Henry Lewis y el secretario de Shubrick, Henry La Reintrei, quien serviría de traductor.
En tierra, el grupo encontró que el comandante militar de Mazatlán, coronel Rafael Téllez, había abandonado el puerto, mas fueron recibidos por dos miembros de la Junta y dos oficiales del Ejército Mejicano, quienes los guiaron a la casa del presidente de la Junta, José María Vasavilbazo. Éste informó a los invasores que dicha Junta no tenía voto en las deliberaciones de los militares y que no sabía nada de sus resoluciones respecto a la invasión. Entonces, las capitulaciones fueron enviadas por correo al coronel Rafael Téllez, quien se encontraba en el cuartel de Palos Prietos, unos cuantos kilómetros al norte de Mazatlán. Según versiones del ejército invasor, cuando Téllez recibió los documentos, en voz alta los leyó a su tropa, luego los destrozó enojado y los pisoteó.
Mas Shubrick y sus hombres no esperaron respuesta alguna del coronel Téllez y sus tropas. Ya veintinueve botes habían sido bajados y colocados alrededor de la Independence, y entre las doce y una de la tarde de ese mismo días, fueron hacía tierra llevando setecientos treinta oficiales, soldados y marines al mando de La Vallette y Halleck. Las lanchas pasaron entre la isla de Crestón y tierra firme hasta llegar al rompeolas. En la playa un nutrido grupo de mazatlecos disgustados miraba la forma en que los invasores desembarcaban y descargaban sus lanchas. Una gran multitud veía desde los techos de las casas a los soldados extranjeros avanzar por las calles de Mazatlán, con una banda tocando, hasta llegar al cuartel. A la 1:10 la bandera estadounidense fue izada en suelo mazatleco y veintiún cañonazos fueron disparados desde esa misma fragata.
El trece de noviembre la Junta mazatleca no tuvo otra opción sino firmar las capitulaciones y Shubrick nombró a La Vallette como gobernador de Mazatlán y a Halleck como teniente gobernador. Aunque los invasores permitieron que las actividades del puerto se desarrollaran en forma rutinaria, impusieron un tributo y castigos severos a quienes se opusieran a la invasión, así como prohibieron la venta de alcohol a las tropas invasoras
El catorce de noviembre el Coronel Téllez movió sus setecientos hombres hacia las cercanías de Mazatlán y con el propósito de cortar las comunicaciones con la ciudad de México, envió a Urías a ciento cincuenta de ellos, al mando del suizo Carlos Horn. Al enterarse de esto, La Vallette envió hacia Urías a sus hombres. Por tierra iban noventa y cuatro en tanto que sesenta y dos más se desplazaron por el estero en botes. La mañana siguiente, veinte de noviembre, ambos grupos atacaron Urías e hicieron huir a los mejicanos. El ejército invasor reportó un saldo de cuatro mejicanos muertos y veinte heridos, así como un estadounidense muerto y veinte heridos leves.

A finales de diciembre de mil ochocientos cuarenta y siete La Vallette tuvo noticias de que las fuerzas del Coronel Téllez se reorganizaban en Palos Prietos, por lo que envió dos batallones a combatir a los mejicanos. Luego de una escaramuza en la que resultó un soldado herido, el ejército invasor hizo huir a los mejicanos.
A decir verdad el bloqueo al puerto de Mazatlán nunca fue total, ya que los buques de guerra utilizados tenían que desplazarse entre los diversos puertos del Pacífico mejicano; constantemente iban y venían entre San Blas, Mazatlán, Guaymas, La Paz, San José.
Las armas del teniente de la tripa. Dos anécdotas.
1.-  Ya era el día en que habría de celebrarse el baile anual de los carniceros de la localidad, pero Rita, la virreina de la fiesta, aún no tenía su chambelán. Nada importaba que el ejército estadounidense estuviese posesionado del puerto, la tradición debía continuar por lo que esa mañana la joven mazatleca y sus amigas llegaron hasta donde se encontraba el teniente Wise para invitarlo al baile que se celebraría esa noche en las marismas. Él aceptó de inmediato. Y por ser ella la virreina del baile de los carniceros, dio a su  chambelán el nombramiento de “Teniente de la Tripa”. Sin saber el significado de tal expresión, el militar lo aceptó de buen gusto. Y esa noche allá fue “el teniente de la tripa”, tras el amor de Rita, a parar a las marismas de las orillas de aquel Mazatlán en donde encontró una especie de templete en el medio del arenal, rodeado de numerosos puestos con luces y música. Sin embargo, el ambiente no era precisamente seguro razón por la que, por mera precaución, el militar invasor desaseguró su espada de la funda previendo que podría darse el caso de necesitarla. Rita y él caminaban entre los léperos y sus novias que bebían mientras bailaban al ritmo de un jarabe. De repente, en menos de un segundo alguien sustrajo la espada de la funda. Ni la virreina mazatleca ni su teniente de la tripa pudieron ver quién se había robado el arma. De inmediato se inició la  búsqueda... pero fue en vano. Rita lloraba y suplicaba regresaran la espada a su chambelán pero fue inútil. En protesta la virreina abandonó el baile y fue rumbo a su casa acompañada de su chambelán.

2.- Mas no fue esa la primera vez que el teniente Wise fue víctima de robo en Mazatlán. Una noche en un apartamento, antes de dormirse, colocó sus dos pistolas y ropa en una mesa de centro y dejó la ventana abierta; convencido de que el enrejado de ésta era bastante para dormir con toda seguridad. La mañana siguiente encontró un gancho sujeto a un palo largo con el cual alguien había extraído las armas y ropa.

El desalojo.
Para el primer día del mes de marzo de mil ochocientos cuarenta y ocho llegaron rumores a Mazatlán de que el fin de la guerra se acercaba y que ambos países firmarían un tratado de paz. No fue sino hasta el día treinta de ese mismo mes cuando apareció en el puerto la notificación oficial del armisticio.
Con el objetivo de realizar los preparativos para la devolución del puerto y salida de las tropas estadounidenses, el teniente Wise y unos cuantos soldados más fueron enviados con una bandera blanca a Presidio de Mazatlán a donde llegaron por la tarde y fueron hospedados en la casa del comisario general, Isidro Beruben. La mañana siguiente los estadounidenses desayunaron en la casa de don Isidro junto con una treintena de militares mejicanos, entre los que se encontraba el general Pablo Anaya. Ahí convinieron en la forma en que Mazatlán sería devuelto a los mexicanos.
El diecisiete de junio los mazatlecos vieron primero a los marineros estadounidenses abandonar el puerto y abordar sus barcos. Esa tarde llegaron de Presidio de Mazatlán el general Negrete, designado por el general Pablo Anaya para recibir la ciudad, unos cuantos oficiales, y un escuadrón de caballería. Ahí les esperaban los infantes de marina estadounidenses. Los tambores resonaban mientras ambos bandos presentaban armas. Luego la bandera estadounidense fue arriada y la mejicana izada.

Los últimos soldados estadounidenses abordaron sus barcos.   Después vinieron los disparos desde éstos y desde el fuerte en tierra. Mazatlán era de nueva cuenta de los mazatlecos y de los mexicanos en general.

martes, 14 de junio de 2016

Los libros de Antonio Lerma Garay


Mazatlán Decimonónico. Edición del autor. Sacramento. 2005. AGOTADO.   
Sinopsis. Mezcla de Historia y anécdotas de Mazatlán durante el siglo XIX. Contiene capítulos relativos a las invasiones francesa y estadounidense, así como ataques de buques de guerra británicos. 

El General Traicionado. Vida y Obra de Plácido Vega Daza. Mazatlán Decimonónico II. Creativos 7 Editorial. Culiacán. 2010. El libro fue editado por la Comisión  Estatal para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, presidida por el maestro José Ángel Pescador Osuna.  
Sinopsis. Vida y obra del general Plácido Vega Daza, quien fue gobernador del estado de Sinaloa en plena Guerra de Reforma y durante parte de la Intervención Francesa. El presidente Benito Juárez lo comisionó para que fuera a comprar armas a Estados Unidos.
El libro desmiente las versiones de Eustaquio Buelna quien afirma que Vega Daza no compró las armas y que se gastó el dinero en otras cosas.

Érase Una Vez en Mazatlán. Mazatlán Decimonónico III. Creativos 7 Editorial. Culiacán. 2010. El libro fue editado por la Comisión  Estatal para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, presidida por el maestro José Ángel Pescador Osuna. 
Sinopsis. La más variada colección de anécdotas  y hechos curiosos sucedidos en Mazatlán durante el siglo XIX y parte del siglo XX, tales como la llegada del tren, del primer automóvil proveniente de Estados Unidos, cuándo comenzó a brillar el faro, la muerte de Ramón Corona, etcétera.


El Vuelo del Curtiss Sobre  Mazatlán, coautor en La Revolución Mexicana en Mazatlán. Universidad Autónoma de Sinaloa.  Culiacán. 2010.  
Sinopsis. Un breve capítulo que describe Mazatlán durante un período de la Revolución Mexicana. Da noticias sobre el bombardeo aéreo, la base naval internacional que se estacionó en aguas mazatlecas, y otros detalles más.

El Puerto de Mazatlán. Bastión Estratégico en el Noroeste Mexicano. Siglos XVI-XVII, coautoría con la doctora María Luisa Rodríguez Sala. Universidad Autónoma de Sinaloa.  Culiacán. PRÓXIMA EDICIÓN.  
Sinopsis. Dividido en dos secciones, el libro establece el papel que jugó el puerto de Mazatlán en el desarrollo del comercio regional en el período señalado. La segunda parte da  nuevas luces sobre los soldados pardos que resguardaron el puerto desde el siglo XVII hasta los inicios del siglo XIX.

La Familia Machado de Mazatlán, coautoría con la doctora María Luisa Rodríguez Sala  y la Licenciada en Restauración Sarahí Tirado Osuna. PRÓXIMA EDICIÓN.
Sinopsis. Los tres autores rastrean la vida de Juan Nepomuceno Machado y hermanos, y concluyen que debido a sus actividades comerciales, fue él quien dio impulso al naciente Mazatlán. La obra comienza con un recorrido en el tiempo sobre Mazatlán, precisando sus períodos político-administrativos.

La Intervención Francesa en Mazatlán.  Universidad Autónoma de Sinaloa.  Culiacán. PRÓXIMA EDICIÓN
Sinopsis. Cómo, cuándo y qué sucedió en Mazatlán durante dicha invasión. Cuánto duró ésta. El papel de los principales héroes y mucho más.

Breve Historia de los Ataques de Buques de Guerra Británicos a Mazatlán en el Siglo XIX.  Universidad Autónoma de Sinaloa.  Culiacán. PRÓXIMA EDICIÓN
Sinopsis. En varias ocasiones los buques de guerra Británicos bloquearon el puerto de Mazatlán, e intentaron bombardearlo y desembarcar tropas cuando tenían conflictos con las autoridades locales.  No obstante, uno de esos barcos de guerra defendió a Mazatlán del ataque de otro de Francia. Cuándo,  cómo y por qué se dieron estos incidentes.  

Los libros que son de mi  autoría solo, están a la venta en formato E Book en la siguiente dirección:


lunes, 13 de junio de 2016

Dan Showalter Muere en Villa Unión


Los duelos a balazos que se realizaban en el siglo XIX, y antes y después, tenían sus reglas y todo duelista, como buen caballero, debía obedecerlas. Dan Showalter y Piercy habían acordado batirse en duelo en un lugar de San Rafael, al norte de San Francisco, California, a las once horas del día  24 de mayo de 1861. Sin embargo, el duelo se vio frustrado cuando el sheriff se hizo presente y arrestó a Showalter, mientras que el otro se escondió entre los árboles. Pero aquél  permaneció detenido sólo un rato ya que no hubo quien presentara cargos ni se pudo probar el pacto duelista.

De inmediato el recién liberado fue hasta donde debía efectuarse el encuentro. Ahí los asistentes de ambos, tres por cada uno, incluido un médico, los instaron a llegar a un arreglo amistoso pero no fue posible.  Entonces todos comieron en una casa de Fairfax.  Ahí Sholwalter dictó su testamento previendo que no sobreviviría e instruyó a sus amigos todo lo relativo a sus exequias. Luego fueron al campo, donde se realizaría el combate.  Los jueces dieron a conocer de nueva cuenta las reglas a los duelistas: tomar su rifle, que previamente había sido acordado; darse la espalda y cuando el juez lo ordenara caminar 20 yardas, dar  media vuelta para quedar frente a frente;  apuntar al contrincante con el rifle en posición horizontal u oblicua; entonces el juez diría “Fuego: uno, dos, tres. Alto” Los protagonistas  podían disparar en cualquier momento entre las palabras “uno” y “tres”. Además de duelistas, médicos y los otros dos asistentes, el grupo incluía a los amigos de ambas partes. Casi eran las cuatro treinta de la tarde cuando llegó el momento esperado, el juez pronunció “Uno…” apenas iba a decir “dos” cuando ambas partes dispararon sus rifles, pero nadie salió herido. “Carguemos las armas de nuevo” dijo Showalter; y así fue. Vino una segunda ronda y justo cuando el juez apenas comenzaba a decir “dos” una bala de rifle entró en la boca de Piercy para salirle por la parte trasera del cuello. Su cabeza dio un giro, luego su cuerpo cayó. El  hombre quiso levantarse, pero no pudo. El ganador pidió a ambos doctores asistieran al herido, pero nada pudieron hacer, el derrotado murió un par de minutos después.  Pero ambos se consideraban caballeros, y al verlo muerto, el duelista sobreviviente dio un discurso en honor del recién muerto.

Aún así, en duelo, la muerte de Piercy no dejaba de ser delito, y fue por ello que Showalter desapareció por una temporada.

El 8 de noviembre de 1865 abrió sus puertas en Villa Unión el hotel Ox Hide and Tail House, propiedad de la compañía Showalter, Greathouse and Co.  Con Mazatlán en posesión de los franceses, Ramón  Corona y sus hombres a menudo se hospedaban en esta nueva casa de alojamiento. En realidad los propietarios de este negocio eran Dan Showalter y otro hombre de apellido Beans.

Showalter había actuado como todo un  caballero en el duelo que sostuvo contra Piercy, cierto, pero no siempre actuaba como uno de verdad. En enero de 1866, mientras Beans se encontraba ausente,  el hombre estuvo tomando alcohol por  varios días y en un arranque comenzó a destruir el bar del hotel. Al ver esto, el cantinero lo regañó ya que, le dijo, no tenía derecho a destruir la propiedad de su socio. Showalter, molesto, le dijo “Por Dios, yo soy un caballero. Señor”. Pues usted no actúa como tal, le respondió el cantinero.  
Pero Showalter, tras días de estar bebiendo alcohol, ya estaba más que borracho por lo que, sin pensarlo, sacó una daga y sólo para provocarlo con el costado de la hoja le dio en plena cara al otro. La pelea había comenzado y el provocador no había medido las consecuencias. En realidad el cantinero tenía una pistola y no dudó darle uso. Al sentir el golpe de la daga, el cantinero sacó su arma y le disparó a Showalter; la bala le entró por el codo y subió por el brazo hasta alojarse en el hombro. Al verlo tirado, el cantinero estuvo a punto de rematarlo, pero los parroquianos se lo impidieron. 

El estadounidense  tenía el brazo deshecho por completo, muy pronto la herida se le infectó y contrajo tétano. Pocos días después, el 4 de febrero,  falleció de trismo. Su muerte fue muy comentada en California debido a que había sido legislador de este estado y al duelo que había sostenido contra Piercy.